12. LA SALVACIÓN QUE NOS HACE APTOS PARA EL REINO Y PARA ALCANZAR EL PROPÓSITO ORIGINAL DE DIOS (II). EL ASPECTO SOCIAL. I- ORIGEN, NATURALEZA Y MISIÓN DE LA ASAMBLEA DE JESÚS EL MESÍAS

 LA SALVACIÓN QUE NOS HACE APTOS PARA EL REINO 

Y PARA ALCANZAR EL PROPÓSITO ORIGINAL DE DIOS (II).

EL ASPECTO SOCIAL.




Venimos mostrando que la salvación provista por Dios es con miras a restaurar al Ser Humano a su original y glorioso destino: contener y expresar a Dios, representarle y gobernar el mundo en estrecha comunión con Él. Pero esto no es sólo individualmente, sino corporativamente, como la Asamblea de Cristo.

"Habéis sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser un templo santo en el Señor. En él también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu". (Ef 2:20-22).

De hecho, la transformación individual es la base necesaria para que sea posible la edificación de la Iglesia de Cristo como Casa y Morada para Dios. La Iglesia, la Asamblea de Cristo, no puede ser edificada si los creyentes no son transformados por la salvación de Dios.


I. Origen, naturaleza y misión de la Asamblea de Jesús el Mesías.

Hemos expuesto ya que Jesús el Cristo, una vez resucitado y glorificado en el Trono de Dios, y hecho "espíritu vivificante", 're-fundó' el Pueblo de Dios derramando el Espíritu Santo sobre la comunidad de discípulos que había reunido en torno a Sí mismo, los que habían creído en Él y le habían seguido.

También que "el bautismo en el Espíritu" es simultáneamente "bautismo en el Cuerpo de Cristo", es decir, los creyentes son sumergidos, introducidos, en el Cuerpo de Cristo, quedando unidos así orgánicamente a Cristo la Cabeza y a los demás creyentes como miembros del único Cuerpo de Cristo. "Orgánicamente" significa en una unión viviente: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos..." (Juan 15:5). Por tanto, la Iglesia de Jesucristo no es un club al que uno se apunta, ni una organización a la que uno se adscribe, ni una institución en la que uno se registra. Es un organismo viviente en el que uno es injertado sobrenaturalmente por el Espíritu:

"Porque de la manera que el cuerpo es uno solo y tiene muchos miembros, y que todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque en un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu" (1ª carta a los corintios 12:12-13).

Y hemos visto que el término griego "ekklesia" significa "la asamblea de los llamados a salir fuera": los que creen las Buenas Noticias acerca de Jesús y la venida del Reino de Dios, y se someten a su gobierno voluntariamente, salen del reino de las tinieblas, del sistema satánico, para entrar a formar parte de la Asamblea del Mesías, que es "el Nuevo Hombre".

Para no perder el hilo, y comprender mejor lo que sigue, recapitulemos brevemente lo visto hasta aquí.

En medio del conflicto provocado por la rebelión satánica, secundada por la Humanidad, contra la Autoridad Dios, apareció Jesús proclamando la llegada del Reinado de Dios por medio de Su Mesías: Jesús mismo, el Hijo del Dios viviente.

Su anuncio iba acompañado de una llamada al arrepentimiento, a cambiar la dirección de la vida, y a un nuevo nacimiento mediante la fe, pues la naturaleza humana caída estaba bajo juicio de Dios y sentencia de muerte y no puede entrar en el Reino de Dios.

Para que este nuevo nacimiento fuera posible, Jesús tuvo que morir en la cruz terminando la vieja creación corrompida por la rebelión, y tuvo que resucitar para introducir una nueva Creación, una nueva Humanidad.

Todo lo que consiguió Jesús en la cruz está contenido en el Espíritu Santo, el cual fue enviado y dado a sus discípulos, y sigue siendo enviado y dado a todos los que creen. Es por la fe que recibimos el Espíritu, y con Él, todas las provisiones conseguidas por Cristo. Ahí se pone en marcha, como hemos expuesto, el proceso de transformación del creyente en la dirección que Dios se había propuesto desde siempre:

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que El sea el Primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29).

Jesús es el supremo Modelo. Con Él el Reino de los cielos fue introducido en el mundo: Él fue el primer hombre que se dejó gobernar completamente por Dios, que renunció a seguir su propia voluntad para obedecer la Voluntad de Dios. Jesús, como 'Hijo del Hombre' -la síntesis representativa de la Humanidad-, fue el ámbito donde el Reinado de Dios irrumpió en la vieja Creación y se hizo efectivo.

Ahora los creyentes renacidos tienen la capacidad de ir siendo transformados conforme a ese Modelo: Jesucristo. Porque Dios el Padre ha querido tener muchos hijos semejantes a su Hijo.

Jesús, el Uni-génito (único) Hijo de Dios, a través de su muerte y resurrección fue hecho el 'Primo-génito de muchos hermanos', el primero y mayor de otros muchos, sus pequeños hermanos. Como el grano de trigo caído en tierra (muerto), fructificó (resucitó) en una multitud de granos (hijos de Dios):

“Pero quiso YaHWeH quebrantarle, sometiéndole a padecimiento. Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá descendencia... (Isaías 53:10a)

¡Así empezó a ampliarse y extenderse el Reino de Dios, el ámbito sobre el que Dios reina por medio de su Rey!

Jesucristo fue constituido Cabeza, es decir, que Cristo es un Hombre corporativo, una Persona Colectiva (por así decir), que incluye a todos los que han nacido de nuevo por la fe: el Nuevo Hombre. Ahora el Cristo completo es Jesucristo como Cabeza más los creyentes como su Cuerpo, como una unidad indisoluble, debido a que por todas sus venas corre la misma Vida de Dios, y respiran el mismo Espíritu:

Jesucristo (Cabeza)
+ la asamblea de los creyentes renacidos (Cuerpo)
= el Cristo total, el nuevo Hombre.

"...y sometió todas las cosas bajo Sus pies (de Cristo), y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo" (Carta a los efesios 1:22-23).

"... nosotros, siendo muchos, somos un solo Cuerpo en Cristo y miembros cada uno en particular, los unos de los otros" (Romanos 12:5).

Como hemos visto, cuando alguien nace de nuevo pasa de 'estar en Adán' a 'estar en Cristo', convirtiéndose automáticamente en miembro del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. La Iglesia, pues, ciertamente tiene una forma exterior visible según el modelo y los principios establecidos por Dios (como vamos a ver), pero no es una organización religiosa, no es un institución, mucho menos un edificio físico. La Iglesia es un organismo vivo: es Cristo en los creyentes y los Creyentes en Cristo, es el Cuerpo viviente de Cristo, una nueva Creación:

"A éstos (a sus santos), Dios ha querido dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre las naciones, el cual es: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria" (Carta a los colosenses 1:27).

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva creación es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2ª carta a los corintios 5:17).

La vida cristiana se desenvuelve, pues, en dos dimensiones que van estrecha e indisolublemente unidas: la individual y la corporativa o eclesial. Cuando uno nace de nuevo, nace 'en el Cuerpo de Cristo'. Cuando uno recibe el Espíritu, y con Él todas las riquezas de Cristo, lo recibe 'en el Cuerpo de Cristo'. Uno se relaciona con Cristo individual y corporativamente.

En la Asamblea de Cristo cabe el individuo, pero no el individualismo. Cuando uno viene a Cristo, es convertido en 'piedra viva' para ser edificada, junto con las demás piedras, como Casa de Dios, Templo espiritual:

“...porque por medio de Él (Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Carta a los efesios 2:18-22).

“Acercándoos a El, Piedra viva, desechada por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sois edificados como Casa espiritual hasta ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo... Mas vosotros sois un linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin dé que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no se os había concedido misericordia, pero que ahora se os ha concedido misericordia” (1Pedro 2:4-10).

¡Este Cristo total es el Hombre que Dios ha estado buscando desde el principio, para ser contenido en él, para ser expresado y representado por él en medio de su Creación, para señorear la Tierra (el Reino) en su Nombre!:

“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree (...) Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó. (Génesis 1:26-27).

En Jesucristo, Dios se ha conseguido el Hombre que buscaba, que incluye también varón y mujer, el Nuevo Adán: Cristo y la Iglesia, conformando la nueva Raza celestial, la nueva Humanidad.

Dios creó primero al varón, él es la imagen y la gloria de Dios, y quiso darle 'una ayuda idónea', adecuada, semejante a él, la cual sacó y formó del costado de Adán durante su sueño profundo: “Esta será llamada varona (ishah), porque fue tomada del varón (ish)” (según original hebreo). Ella fue creada para él, y es su gloria:

"Entonces YaHWeH Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser alma viviente (...) "Dijo además YaHWeH Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea (...) Entonces YaHWeH Dios hizo que sobre el hombre cayera un sueño profundo; y mientras dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que YaHWeH Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. Entonces dijo el hombre: Ahora, ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona (ishah), porque fue tomada del varón (ish). Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:7.18.21-24).

"Pues Adán fue formado primero; después, Eva" (1ª carta a Timoteo 2:13).

"... él (el varón) es la imagen y la gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre. Además, el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre" (1ª carta a los corintios 11:7-9)1.

De la misma forma que Dios sacó a la mujer de las entrañas del varón, también sacó a la Iglesia del costado de Cristo: carne de su carne y hueso de sus huesos, para realizar juntos ese Plan divino:

“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama, pues nadie odió jamás a su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos (Efesios 5:28-30).

Pues Adán era “figura del que había de venir”, y el misterio del matrimonio entre el hombre y la mujer es una figura del misterio de Cristo y la Iglesia (2). El Hombre fue creado en dualidad sexual para representar el misterio de Cristo y la Iglesia: en el Plan de Dios el prototipo es la pareja formada por Cristo y la Iglesia, y a imagen del prototipo fue establecido el matrimonio: la mujer fue creada para el varón y es la gloria del varón porque la Iglesia es para Cristo y la gloria de Cristo. El Padre quiso dar al Hijo ‘una ayuda idónea’, para lo cual Cristo tuvo que dormir el sueño de la muerte en la cruz para que de su costado abierto manaran las fuentes de las que nace su esposa: la Iglesia.

Así pues, el Hijo del Dios viviente se ha multiplicado a Sí mismo por medio de su encarnación, su muerte en la cruz, su resurrección, su glorificación como hombre a la diestra de Dios, y su envío del Espíritu Santo, extendiendo así en medio de la vieja Creación el ámbito donde Dios vuelve a gobernar. La Iglesia es la comunidad del Rey, el nuevo y definitivo Pueblo de Dios, la nación gobernada por Dios, la parcela del mundo recobrada por Dios, en la cual se ha iniciado la renovación del Universo.

El Espíritu de Jesucristo es el portador de ese Mundo venidero, el Reino de los Cielos, y al ser dado por Él a Su Iglesia, esta se convierte, en medio del viejo Mundo, en la embajada del Reino de Dios, el territorio en el que rigen la leyes y los poderes del Mundo Futuro.

Pero el conflicto sigue, ahora concentrado en la Iglesia. La Iglesia es un embajada en territorio hostil: el mundo bajo el maligno (1Juan 5:19). La Iglesia está en guerra espiritual contra el reino de Satanás, en el Nombre poderoso de Jesús, prolongando el trabajo de su Maestro, que vino para deshacer las obras del diablo (1Juan 3:8b). La Iglesia ha sido designada por Dios como Novia del Rey, como co-laboradora suya para la extensión de su Reino, para recuperar para Dios a la Humanidad caída arrancándola del dominio de Satanás y trasladándola al Reino del Hijo amado, y reconquistar la Tierra para Dios.



Esta es la misión de la Iglesia, colaborar en la obra que Dios está llevando a cabo de sujetar todas las cosas bajo el mando y la soberanía de Cristo, poniendo todos sus enemigos bajo sus pies. (Nadie lea esto pensando que hablamos de estrategias y armas mundanas, las armas de nuestra milicia no son carnales, sino espirituales, poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (2Corintios 10:3-4), “...porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el celo por anunciar el evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Orad en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velad en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:12-18)).

Y es que Dios tenía un Plan, una Voluntad, un Propósito, una Meta u Objetivo supremo, escondido en su corazón desde toda la eternidad, que empezó a revelarnos en Génesis y que nos fue revelada plenamente cuando llegó la plenitud de los tiempos

“... 9 El nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en Cristo, 10 a manera de plan para el cumplimiento de los tiempos: que en Cristo sean reunidas bajo una cabeza todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra.

(...) que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el pleno conocimiento de él; 18 habiendo sido iluminados los ojos de vuestro entendimiento, para que conozcáis cuál es la esperanza a que os ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, 19 y cuál la inmensurable grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la operación del dominio de su fuerza. 20 Dios la ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y le hizo sentar a su diestra en los lugares celestiales, 21 por encima de todo principado, autoridad, poder, señorío y todo nombre que sea nombrado, no sólo en esta edad sino también en la venidera. 22 Aun todas las cosas las sometió Dios bajo sus pies y le puso a él por cabeza sobre todas las cosas para la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo" (Efesios 1:9-10.18-23).

Dios nos ha revelado el sentido de todas las cosas, la razón de ser de todo lo creado: dárselo en herencia a su amado Hijo (Heb 1:2), para que Él sea Cabeza de todas las cosas, para que todas las cosas sean reunidas bajo su soberanía, para que él tenga en todo la primacía, la preeminencia, para que todo sea llenado por Él y todo le exprese a Él:

"12 Con gozo damos gracias al Padre que os hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. 13 El nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado, 14 en quien tenemos redención, el perdón de los pecados. 15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación; 16 porque en él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. 17 El antecede a todas las cosas, y en él todas las cosas subsisten. 18 Y además, él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo él sea preeminente; 19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo mismo todas las cosas, tanto sobre la tierra como en los cielos, habiendo hecho la paz mediante la sangre de su cruz" (Colosenses 1,12-20).

Como podemos comprobar, en el centro de este Propósito eterno de Dios de hacer a su Hijo Cabeza de todas las cosas, se encuentra la Iglesia, su Cuerpo. Ella es la Compañera de Cristo, la Novia que un día llegará a ser su Esposa (Apocalipsis 19:7-9; 21:9ss), cuando ella haya madurado y esté preparada y gloriosa (Efesios 5:25-27). Ella es el primer lugar donde debe cumplirse este Plan de Dios, ella debe aprender a sujetarse en todo a su futuro Esposo, para que Él pueda sujetarse el resto de la Humanidad y de la Creación. Si la Iglesia no se sujeta a Cristo Cabeza, a su soberanía, a su reinado, Cristo no podrá sujetarse el universo. Esta es la dramática responsabilidad de la Iglesia.

Al final de la Historia de la salvación habrá un Hombre (Cristo) y una Mujer (la Iglesia), llenos de la gloria de Dios, gobernando una Nueva Tierra (Apocalipsis 21-22:5), dando cumplimiento a la Voluntad eterna de Dios, que fue frustrada temporalmente en Adán y Eva. Esta Pareja celestial sí cumple su responsabilidad de vivir por medio de la Vida de Dios y enfrentar al enemigo para establecer el Reinado de Dios en la tierra, para que la Voluntad de Dios se haga en la Tierra como se hace en el Cielo.


Cristo y la Iglesia son ahora el Nuevo Hombre destinado a gobernar la Tierra en Nombre de Dios, expulsando de ella al Adversario. La Iglesia es el territorio donde el Reino de los Cielos que viene ya es efectivo, y es también la base de operaciones desde donde Jesús, el Rey, se está sujetando a sí mismo todas las cosas, hasta que todo sea puesto bajo sus pies, para que Dios sea todo en todos (1Corintios 15:20-28).

Comentarios

Entradas populares