14. LA HISTORIA DE LA IGLESIA Y EL PRINCIPIO DEL REMANENTE

III. LA HISTORIA DE LA IGLESIA 

Y EL PRINCIPIO DEL REMANENTE.


No sólo Satanás y todas sus huestes trabajan en contra del Plan de Dios. No sólo la Humanidad en general vive en rebelión contra Dios. Hemos de reconocerlo: los seres humanos no somos de fiar, la historia del Pueblo de Dios también es una historia de rebelión e infidelidad permanente. Él nos ha dado todo lo que podía darnos para ser fuertes, fieles, vencedores: ¡una salvación tan grande!, ¡a Su propio Hijo!; Él redime nuestra libertad caída, pero jamás nos fuerza, espera que ejerzamos nuestra libertad liberada. Y nosotros fallamos una y otra vez...

Pero Dios no se asusta ante la debilidad e infidelidad humana, “porque Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos sólo polvo” (Salmo 103:14). Y es precisamente sobre el fondo oscuro de nuestra miseria que contrasta luminosamente la Fidelidad de Dios, la cual está ejerciendo en dos sentidos:

- Primero en perdonarnos y salvarnos. Por eso no podemos más que dar gracias a Dios y alabarle, porque ¡eterna es su Misericordia, e inmensa su Gracia!. Una y otra vez nos ofrece su perdón, nos lava, nos vuelve a poner en pie, y nos fortalece para continuar el camino:

"Y éste es el mensaje que hemos oído de parte de él y os anunciamos: Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas. Si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Pero si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros" (1Juan 1:5-10).

"El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13).

Este es un aspecto de su Fidelidad que mira principalmente a nuestra necesidad debido a la Caída.

- Pero hay un segundo aspecto que mira más al Plan original, a los intereses de Dios: Dios es Fiel a su Designio eterno, y lo cumplirá. Y lo cumplirá con la cooperación de al menos algunos hombres y mujeres. Porque Él no sólo nos salva y perdona "setenta veces siete" (siempre), sino que también desea hacernos colaboradores suyos para realizar sus planes: sujetar todas las cosas bajo el gobierno de Cristo, por medio de la Iglesia, convertida esta en su Compañera y Esposa gloriosa, convertida en un Templo santo para morada del Dios altísimo en medio de esta Tierra.

Es aquí donde descubrimos un maravilloso principio del actuar de Dios, que nos llena de esperanza y de coraje, el principio del remanente. Dios es todopoderoso, y no necesita del hombre para cumplir sus deseos, ¡pero ha querido necesitar del ser humano! Cuando ocurrió la rebelión de Satanás y sus ángeles, Dios podría haberla aplastado en un momento, pero quiso en su soberana Voluntad que fuera otra criatura la que venciera a Satanás y su rebelión: el Hombre. Dios nos creó para la comunión con Él, pero también para restaurar su Autoridad en el universo, especialmente en la Tierra, venciendo en su Nombre al enemigo, para el pleno cumplimiento de su Propósito eterno. Muchos se conforman con ser salvos del infierno, pero no escuchan el llamamiento a colaborar con los planes de Dios. Dios llama a todos a participar de su Obra, pero cuando el conjunto falla, Él se reserva, por su poder y gracia, un resto, un remanente, con el cual sigue avanzando sus planes en la Tierra.

Los demás creyente genuinos son salvos, y disfrutarán de la eternidad con Dios, pero no entrarán en el Reino cuando Cristo regrese, se perderán toda la era del Reino milenario, perderán su galardón y su corona: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22); “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

No nos escandalizamos, pues, de los fracasos e infidelidades. La guerra espiritual en la que está inmersa la Iglesia es muy dura (Juan 15:18-21; 2Timoteo 3:12; Hebreos 12:1-4; Apocalipsis 2:10), muchos caen en el camino bajo alguno de esos poderes del mal. Las mismas iglesias, igual que Israel, han sido heridas, paralizadas o derrotadas por los poderes de las tinieblas, se han mundanizado, y han perdido su testimonio (Mateo 24:9-13.24; Hechos 20:29-30; 2Pedro 2:1-2; Apocalipsis 2:4-5; 3:1-3; 3:15-17). Pero Dios, ahora igual que siempre, se reserva un resto, un remanente, que en representación de todos y para bendición de todos mantiene en alto el estandarte (Isaías 10:21; 11:11; 37:31-32; Jeremías 23:3; Ezequiel 1422; Abd 1:17; Miqueas 4:6-8; Sofonías 3:11-20; Mateo 21:43; Romanos 11; Apocalipsis 2:7.11.17.26; 3:5.12.21), y a través de los cuales Dios sigue avanzando sus planes.

Este remanente no es escogido por ser mejor que los demás, sino por pura gracia de Dios, debido a la Fidelidad a sí mismo: “Así, pues, también en este tiempo ha quedado un remanente conforme a la elección de la gracia” (Romanos 11:5). En realidad todos están llamados, pero finalmente pocos son los escogidos (Mateo 22:14), no porque Dios no quiera, sino porque no todos quieren todo lo que Dios quiere. Y este remanente no es escogido tampoco para su propio beneficio, sino para beneficio del conjunto: “Ahora bien, si la masa ofrecida como primicias es santa, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas” (Romanos 11:16). Dios escoge siempre el remanente “para bendición de todas las familias de la Tierra" (Génesis 12:3b). Como aquel comando de guerra que lucha por tomar una base enemiga, muchos caen por el camino, pero otros van recogiendo el estandarte hasta que finalmente la batalla es ganada y el estandarte de la victoria es colocado en lo alto; ¿de quién es la victoria? ¿sólo de los que sobrevivieron? ¡NO!, es la victoria de toda la nación que representan, incluyendo a los caídos, incluyendo a los que se quedaron en casa por cobardía o por pereza. Aunque aquellos no podrán disfrutar de la misma gloria...

Adán y Eva fallaron, y perdieron el Paraíso. Pero Dios cubrió su desnudez y les dio la bendita Promesa de la salvación (Génesis 3:15). Toda la Humanidad se corrompió después hasta el límite, de modo que a Dios le dolió en su corazón haber creado al Hombre, y decretó el juicio del diluvio... ¡pero se reservó un resto, un remanente, con el que empezar de nuevo y continuar con sus planes: Noé y su familia. La Humanidad que vino después de Noé tampoco quiso escuchar a Dios, más bien siguieron a Satanás pretendiendo 'tocar al cielo' con las obras de sus manos (Babel), y Dios tuvo que desecharles de nuevo y seguir sus planes con un solo hombre y su esposa: Abraham y Sara, a partir de los cuales Dios crearía un pueblo de su especial propiedad del cual nacería el Salvador del mundo, bendición para todas las naciones (no sólo para el remanente).

Ese Pueblo fue levantado gracias a la fidelidad de un hombre, Moisés; fue un pueblo de dura cerviz, rebelde a Dios, desde su nacimiento. Y sólo gracias a Moisés fue llevado desde la esclavitud a la Tierra prometida. Una vez allí, cuando la llama que simbolizaba al Pueblo de Israel estaba a punto de apagarse, Dios levantó otro hombre, Samuel, por medio del cual sería introducido David como rey de Israel, y el período de oro del Pueblo de Israel. Iba a ser de la descendencia de David que Dios iba a levantar al verdadero Rey del Pueblo de Dios: Jesús.

Una vez más el Pueblo se desvió de los caminos de Dios, desoyendo Su voz a través de los profetas enviados, y Dios los desechó permitiendo que todo el Pueblo fuera conquistado y exiliado por el imperio de Babilonia. Cuando parecía que había llegado el fin del Pueblo de Dios, debido a su infidelidad congénita, Dios movió el corazón de algunos en el exilio para que regresaran a Jerusalén a 'reconstruir el Templo' (recordemos: una figura de la Iglesia, de la restauración de la Iglesia conforme al propósito original de Dios).

Y así Dios, en la era del Antiguo Pacto, se reservó siempre un resto fiel, por medio del cual fue posible la venida del Mesías salvador. Allí estaban Zacarías y Elisabet (padres de Juan el bautista), o el anciano Simeón y la profetisa Ana, recibiendo al niño Jesús, como representantes de los 'anawim', los 'pobres de Yahveh', el remanente que se mantenía esperando en Dios.

Entonces llegó Jesús, el Mesías. Él era el Hijo de Dios, que se despojó de sus prerrogativas y gloria divinas para hacerse en todo semejante a los hombres, y como hombre ('el Hijo del Hombre'), enfrentarse a Satanás y al Pecado. ¡¡Y VENCÍÓ!! ¡¡Aleluya!! ¡¡Gloria y alabanza a nuestro Gran Dios!! Dios por fin consiguió un hombre fiel, un hombre fiel a Dios y vencedor sobre Satanás; Él, por medio de su muerte y resurrección, fue hecho Cabeza de una Nueva Humanidad, una nueva Raza celestial, a través de la cual Dios cumpliría sus propósitos eternos: "Hagamos al Hombre...".

Pero la historia de la infidelidad continúa. El conjunto de la Iglesia, al igual que Israel, también ha fallado, lo cual ya fue profetizado abundantemente en el Nuevo Testamento, tanto por Jesús como por los apóstoles. Comprobémoslo con algo de detenimiento porque es importante saber que el Señor ya contaba con esto, para ver después que estaba también preparada la respuesta.

"Tened cuidado por vosotros mismos y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo os ha puesto como obispos, para pastorear la iglesia del Señor, la cual adquirió para sí mediante su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán la vida al rebaño; y que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para descarriar a los discípulos tras ellos" (Hechos 20:28-30).

"También debes saber esto: que en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita" (2Timoteo 3:1-5).

"Porque vendrá el tiempo cuando no soportarán la sana doctrina; más bien, teniendo comezón de oír, amontonarán para sí maestros conforme a sus propias pasiones, y a la vez que apartarán sus oídos de la verdad, se volverán a las fábulas" (2Timoteo 4,3-4).

En la carta que Pablo escribió a la Iglesia de Éfeso, se puede contemplar una Iglesia muy preciosa, creciendo hacia la plenitud de Cristo. Poco después, en el libro de Apocalipsis, el Señor escribe también por medio de Juan a la Iglesia de Éfeso, aprecia las cosas buenas de la Iglesia, pero le hace un grave reproche, que está en la base de la desviación de la Iglesia:

“Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te has arrepentido” (Apocalipsis 2:4-5).

La Iglesia ha empezado a apartarse de las cosas del principio, de la centralidad de Cristo como PRIMER AMOR de la Iglesia. Y el Señor le advierte que su candelero puede ser removido. El candelero de oro es el símbolo de la Iglesia local, que ilumina la ciudad en la que vive. Por cada Iglesia local hay un candelero en el cielo (Apocalipsis 1:20). Jesucristo es “el que anda en medio de los siete candeleros de oro” (Apocalipsis 2:1), es decir, en medio de todas las iglesias locales. Y si una Iglesia local se aparta del Señor y no se arrepiente, puede perder su posición. En muchos lugares hay cristianos, pero no hay expresión de la iglesia local, han perdido 'el candelero'.

En esas cartas que el Señor resucitado escribe a 'las siete Iglesias' de Asia (simbolizando todo el conjunto de las Iglesias), podemos apreciar en general los derroteros por los que empiezan a desviarse y corromperse las Iglesias (Apocalipsis 2-3): todo empieza con el abandono del 'primer amor', de 'las obras del principio', después vienen otras cosas:
  • “La enseñanza de los nicolaítas, la que yo aborrezco” ('niko' + 'laos': victoria sobre el pueblo), es decir, la reintroducción del clero en la Iglesia, de una casta sacerdotal intermediaria que se enseñorea del pueblo. 
  • “La enseñanza de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”, la reintroducción de la idolatría (adoración de ídolos, imágenes, sacrificios) en la Iglesia. 
  • “Tengo contra ti que toleras a esa mujer Jezabel, que dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos”; Jezabel era la esposa pagana del rey Acab, que introdujo enseñanzas idólatras en el Pueblo de Dios y mataba a los profetas de Dios. Esto volvía a ocurrir en la Iglesia: los paganos se habían introducido en la Iglesia con sus enseñanzas paganas, y desplazaban a los que hablaban en nombre del Señor.  
  • “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto”; ya quedan sólo las apariencias, 'parece' una iglesia, pero sólo queda el cascarón, por dentro está muerta.  
  • “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Así que, por cuanto eres tibio, y no caliente ni frío, estoy por vomitarte de Mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. ¿Hacen falta más comentarios?...
Si este era ya el panorama de las iglesias a finales del siglo I, podemos comprender lo lejos que se ha ido la Cristiandad respecto de 'el principio', respecto del espíritu, la vida y el modelo querido por el Señor. De hecho, más bien la Escritura profetiza que la cosa irá a peor, y que antes de que venga el Señor aumentará la apostasía (el abandono de la fe, del cuerpo de verdad revelado) y el poder del Anticristo (2Tesalonicenses 2:1-12).

Escuchemos ahora las profecías del Señor acerca de las cosas que iban a suceder (y han sucedido) en esta etapa del Reino de Dios antes que Cristo regrese. Son tres parábolas seguidas las que hablan de esto:

a) En la parábola del trigo y la cizaña, cuyo significado explicó Jesús mismo un poco más adelante (Mateo 13:24-30. 36-43), nos reveló que un hombre (el Hijo del Hombre, Jesús) sembró buena semilla (los hijos del reino) en un campo (el mundo -el campo no es la Iglesia-), pero un enemigo (el diablo) sembró de noche cizaña (los hijos del malo) entre el trigo; ambas semillas y plantas son muy parecidas, por lo que es peligroso separarlas antes de la cosecha (el fin de la era). Entonces “enviará el Hijo del Hombre a Sus ángeles, y recogerán de Su reino todo lo que sirve de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga”.

“Entrarán en medio de vosotros lobos rapaces”, decía Pablo al presbiterio de Éfeso. Los hijos del diablo se infiltrarán en medio de la Iglesia, y la saquearán.

b) En la parábola del grano de mostaza (Mateo 13:31-32) vemos que una semilla que produce normalmente un arbusto se convierte en un árbol, sufre un crecimiento desmesurado, anormal, por lo que en él vienen a anidar 'las aves del cielo'. Unos versículos antes, en la parábola del sembrador, vemos que 'las aves del cielo' simbolizan a 'el malo' (el diablo). Tenemos entonces que los límites de la Iglesia se han desdibujado, ha crecido de una manera anormal, incluyendo cosas que no debían ser incluidas, lo que da pie a que el enemigo tome posiciones en ella.

c) En la parábola de la levadura (Mateo 13:33) tenemos una mujer que 'esconde' levadura en medio de tres medidas de harina, fermentando así toda la masa. La mujer en la Escritura es una figura de la Iglesia, tanto cuando es fiel como cuando es infiel (prostituta, adúltera). Las tres medidas de harina simbolizan a Cristo y su obra perfecta, el Pan puro; y la levadura simboliza un elemento de corrupción, como 'la levadura de los fariseos y de los saduceos' (Mateo 16:6), y también la corrupción del Pecado:

"Vuestra jactancia no es buena. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos de la vieja levadura, para que seáis una nueva masa, como sois sin levadura; porque Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido sacrificado. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con pan sin levadura, de sinceridad y de verdad" (1Corintios 5:6-8).

Tenemos profetizada aquí la iglesia infiel, mezclando con la Obra perfecta de Cristo otros elementos 'de malicia y de maldad' que corrompen todo el conjunto.

Entre medias de estas tres parábolas Jesús dijo: “Todo esto habló Jesús en parábolas a las multitudes, y sin parábolas no les hablaba nada; para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta, cuando dijo: "Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo" (13:34). Son 'cosas escondidas' a los de fuera, pero están ahí, conocidas por Dios desde antes de la fundación del mundo, y reveladas por el Señor a sus discípulos: “a vosotros os ha sido dado conocer los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les ha sido dado” (Mateo 13:11). “Estas cosas os he dicho para que no tengáis tropiezo... Pero os he dicho estas cosas para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os había hablado de ellas... ” (Juan 16:1-4).

Teniendo pues en cuenta todas estas profecías, volvamos a las cartas que el Señor resucitado envió a las siete iglesias. Sabemos que Apocalipsis es un libro profético, por eso vemos que esas siete iglesias tienen varios niveles de significación. Tienen un nivel de significado histórico, eran siete iglesias locales situadas en siete ciudades de Asia en el s. I (recordemos: 'una ciudad, una iglesia, un candelero'): Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Entonces somos informados de su situación y lo que el Señor dijo a esas siete iglesias locales históricas.



En un segundo nivel, sabemos que el "7" significa en la Biblia totalidad o compleción, por lo que podemos leer aquí también el mensaje del Señor a las iglesias locales de todos los tiempos y lugares. Al final de la carta a cada Iglesia local, dice “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias”. Los principios espirituales que el Señor puso de manifiesto al hablar a aquellas iglesias tipo, conciernen a todas las iglesias en cualquier lugar y tiempo.

Por último, nos detendremos en un tercer nivel de significado, el profético. Hay muchas riquezas escondidas en la Escritura, el Espíritu Santo ha ido guiando a diversos siervos de Dios a lo largo de la historia para ir desentrañándolas: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho... Pero cuando venga el Espíritu de realidad, El os guiará a toda la verdad; porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oye, y os hará saber las cosas que habrán de venir (Juan 14:16; 16:13). En el momento oportuno de madurez histórica, algunos de estos siervos de Dios han visto que estas siete iglesias anticipan proféticamente las etapas por las que iba a discurrir la historia de la Iglesia, el lugar del remanente que Dios se reserva ('los que vencieren...'), y las indicaciones que da el Espíritu al remanente acerca de la senda de Dios en tiempos de ruina de la cristiandad.

Ante la interpretación profética que sigue, pues, recomendamos lo que recomienda la Escritura respecto de toda profecía: “No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Sometedlo todo a prueba; retened lo bueno” (1Tesalonicenses 5:19-21).

Veamos algunas observaciones previas acerca de esta profecía de Apocalipsis:

- La situación de cada iglesia representa un período de la historia de la Iglesia.

- Los nombres que usa tienen contenido profético.

- Cinco iglesias fueron reprendidas por el Señor, una no fue reprendida pero tampoco recibió elogio del Señor, y sólo una fue elogiada sin reprensión ninguna, todo lo cual indica lo que agrada al Señor.

- En las cuatro últimas se menciona la venida del Señor, lo que quiere decir que esos cuatro tipos de iglesia permanecerán hasta la venida del Señor; cuando regrese, encontrará creyentes en esas cuatro condiciones o situaciones.

- al interior de todas las iglesias aparece la figura de 'los que vencieren'. Estos 'vencedores' son el remanente del que venimos hablando, los cuales no son más que 'cristianos normales' en medio de la anormalidad o subnormalidad. A ellos dirige el Señor promesas de recompensa según la situación en que viven.


1ª.- La primera iglesia/período: Éfeso.

Es el primer período, tras la era apostólica. Éfeso significa 'deseable'. El período que siguió a la muerte de los apóstoles seguía siendo deseable para el Señor, alaba ciertas cosas de esta iglesia: que no soporta a los malos, que ha probado a los falsos apóstoles (seguía habiendo apóstoles, genuinos y falsos, la iglesia debía discernir), que aborrece las obras de los nicolaítas, aquellos trataban de reintroducir una clase mediadora en la Iglesia, negando el sacerdocio de todos los creyentes (en esta época todavía fueron resistidos). Pero hubo un reproche, el Señor advirtió contra el gran peligro que empezaba a asomar: perder el primer amor y las obras del principio.


2ª.- La segunda iglesia/período: Esmirna.

Significa 'amargura', representa el período de las persecuciones bajo el imperio romano hasta que el emperador romano Constantino toleró el cristianismo (año 313). Aunque esta iglesia no recibió ningún elogio, tampoco ningún reproche, y sí mucho consuelo. Las palabras del Señor son una fuente de consuelo para los cristianos de todas las épocas que viven esta situación.


3ª.- La tercera iglesia/período: Pérgamo.

Que significa 'matrimonio', o "muy casado", y representa el período iniciado a principios del s. IV, cuando el emperador Constantino acepta el cristianismo ("Edicto de Milán", año 313), y poco después el emperador Teodosio lo impone como religión imperial (año 391). Satanás cambió de estrategia, pasó de usar el imperio para perseguir a la iglesias a usarlo para 'asimilarlas' y corromperlas. La Iglesia perdió su 'separación' (santidad) respecto del mundo, y su ruina se aceleró.

Pégamo todavía no ha negado la fe única, pero aquí ya empezó a tolerarse 'la doctrina de los nicolaítas', el liderazgo en las iglesias se fue redefiniendo de regreso al judaísmo (y al paganismo). También el Señor reprochó aquí que se toleraba a los que tenían 'la doctrina de Balaam', que incitó a los israelitas a tomar esposas moabitas (matrimonio), las cuales trajeron consigo sus ídolos, llevando a Israel a la fornicación, física y espiritual (idolatría). La estrategia de Balaam es borrar la separación entre la iglesia y el mundo, con lo cual el camino a la idolatría queda abierto.

Esto está ya tipificado en el Antiguo Testamento. A causa de la idolatría, el reino de Israel fue dividido en dos: Judá al sur e Israel al norte. Cuando cayó el reino de Israel bajo el imperio Asirio, trajeron gentes de Babilonia para repoblar las ciudades de Israel, como Samaría y otras. Se produjo una mezcla sincrética entre la fe en el Dios de Israel y las creencias paganas que traían de Babilonia: por un lado rendían culto a Dios, pero al mismo tiempo continuaban el culto a sus viejos ídolos:

"Todo esto sigue igual hasta el día de hoy. Ellos continúan con sus prácticas antiguas en vez de adorar verdaderamente al SEÑOR y obedecer los decretos, las ordenanzas, las instrucciones y los mandatos que él les dio a los descendientes de Jacob, a quien le cambió el nombre por el de Israel" (2Reyes 17:34).

Del mismo modo, los paganos que fueron introducidos en la Cristiandad por la fuerza (imperial), trajeron consigo sus creencias y prácticas paganas; cambiaron los nombres de sus viejos ídolos por nombres cristianos, como las diversas advocaciones de María y los nombres de los santos, para poder continuar con 'sus prácticas antiguas'. Y como eso, se introdujeron muchas otras creencias y prácticas, que luego los teólogos trataron de justificar ('cristianizar') con argumentos totalmente ajenos a la Palabra de Dios.

Las siguientes cuatro iglesias, aunque representan períodos distintos, son cuatro tipos de iglesia que permanecerán hasta que el Señor regrese, pues en todas se menciona su venida:
 

4ª.- La cuarta es Tiatira.

Para su etimología hay varios significados posibles: 'torre alta', 'abundancia de sacrificios continuos', o 'mujer dominante'). Después de Constantino, la Iglesia no sólo se unió con el mundo, sino que fue exaltada por él. El cristianismo se convirtió en religión oficial del imperio, apoyada por el poder político. Este es el período de la Edad Media, hasta el s. XVI, en que la Iglesia Católica Romana alcanzó todo su poderío, incluso coronando a los emperadores.

El Señor usa palabras cada vez más severas, se puede advertir el grado de desolación a que ha llegado la iglesia. “Tengo contra ti que toleras a esa mujer Jezabel, que dice ser profetisa, y enseña y seduce a Mis esclavos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos”. Jezabel, en el Antiguo Testamento, fue mujer pagana gobernando el Pueblo de Dios, induciendo a la fornicación, la idolatría y los sacrificios (1Reyes 16-21). La unión de la iglesia con el mundo llega aquí a su culmen. Ella es la mujer de la parábola de la levadura que veíamos antes: que mezcla "tradiciones de hombres" (Marcos 7:1-13) y paganismo (levadura) con la obra perfecta de Cristo (tres medidas de harina), pervirtiendo todo. Sí, pervive la fe de Cristo, pero mezclada y en confusión con multitud de elementos extraños, quedando aquella deformada. Se aceptan muchas prácticas y creencias paganas revistiéndolas con un ropaje cristiano superficial. Luego, teólogos, papas y concilios vendrán a elaborar sutiles discursos para legitimar todos estos cambios. Así el Catolicismo se ha formado a base de menoscabar la integridad y autoridad de la Palabra de Dios.

Veamos algunos de esos cambios que introdujo en la Cristiandad el llamado "giro constantiniano" (1). Pero no sin antes expresar un clamor del corazón:

Tristeza por mis amigos católicos

Hago mío algo que dijo el apóstol Pablo hablando de sus hermanos judíos, pero aplicándolo yo a mis amigos católicos:

"Digo la verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia da testimonio conmigo en el Espíritu Santo de que tengo una gran tristeza y continuo dolor en el corazón; porque desearía yo mismo ser separado de Cristo por el bien de mis hermanos... (Rom 9:1-3)", los católicos.

Es cierto que muchos son contados como católicos de forma sólo nominal, sólo por tradición y costumbre social. Pero son millones los católicos sinceros, con un profundo amor por Cristo, y vidas tan entregadas, en ocasiones hasta el heroísmo... Pero desgraciadamente la buena voluntad y la buena intención no es garantía contra el error, y yerran el blanco por el engaño del sistema religioso que los tiene cautivos y los desvía de 'el Camino del Señor' (Hechos 18:25). "Porque yo les doy testimonio de que tienen celo por Dios, pero no de acuerdo con un conocimiento pleno" (Romanos 10:2). El error se vence con el conocimiento de la verdad... y con la voluntad subsiguiente de abandonarlo, cueste lo que cueste.

Es sumamente difícil para un creyente aceptar que su fe, profesada sinceramente, habitualmente recibida de seres queridos, que ha moldeado su identidad desde la infancia, ha sido secuestrada por un sistema religioso que es una falsificación, una elaborada falsificación del cristianismo. Si además uno vive de ese sistema, la cosa se complica aún más... Es mi propia experiencia, pues yo fui cura católico.

Es muy difícil y doloroso, pero es un derecho y un deber que mis hermanos católicos conozcan la verdad acerca del sistema religioso católico, conformado lentamente a lo largo de muchos siglos, mediante un proceso en el que se han ido mezclando sutil y orgánicamente elementos válidos del cristianismo bíblico y genuino con elementos extraños a las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles.

Es difícil y doloroso, pero las buenas noticias son que no se trata de perder lo que para uno es tan valioso, no se trata de apostatar de la fe en Jesucristo y apartarse de Su Iglesia, sino de abandonar el sistema religioso que retiene cautiva nuestra fe para reencontrar la genuina fe bíblica, el genuino 'Camino del Señor' (Hechos 18:25), tal como lo enseñó Jesús y sus apóstoles y ha quedado registrado en el Nuevo Testamento (sobre la base del Antiguo) como norma suprema de la fe y la vida cristianas.

Hablamos y escribimos estas cosas por amor a nuestros amigos católicos, porque el sistema religioso católico impide que las personas profesen y experimenten el cristianismo genuino.

Y estos son algunos de esos cambios que se fueron introduciendo en la etapa de Tiatira:

■ La unión de la Iglesia con el mundo provocó que la mayoría se hacían cristianos, pero cambiando los contenidos del cristianismo. Muchos que no habían nacido de nuevo entraron en la Iglesia por otros intereses, llegando incluso a puestos de gobierno. Es el cumplimiento de la parábola del grano de mostaza, que crece de un modo anormal, cobijando dentro de sí todo tipo de 'pájaros' (véase la historia del papado).

■ Muy relacionado con esto, el bautismo pasa a ser un rito de nacimiento, en lugar de ser la confirmación externa de la fe genuina del corazón con la que se inicia el seguimiento de Cristo y la pertenencia a la comunidad de los que libremente han aceptado ser sus discípulos.

■ Cediendo a la tentación del poder (‘tener más poder para para hacer más y mejor bien’) que ya fue ofrecida a Jesús y que rechazó, se aceptó una nueva actitud ante la violencia: con la bendición de los dirigentes eclesiásticos los poderes públicos persiguen las herejías y las otras religiones; los cristianos pueden ser soldados; los cargos políticos y el uso de la violencia que comportan (juzgar, multar, embargar, encarcelar, ejecutar…) ya no son un impedimento para ser cristianos. Y al igual que Jezabel mataba a los profetas de Dios, la Iglesia en este período se apoyó en el poder político para empezar a perseguir y matar no sólo a los herejes, sino a los cristianos que querían vivir la fe auténtica. Pasó de ser perseguida, a ser perseguidora y asesina, incluso de cristianos genuinos (“Viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” - Juan 16:2b).

■ Como la vida normal del Reino (Mateo 5-7) resulta inviable para personas no regeneradas, comienza a rebajarse el listón hacia una ética más fácilmente ‘generalizable’ a toda la sociedad, quedando relegada como ‘consejos evangélicos’ a una clase de cristianos especializados: los religiosos.

■ En teoría, ahora toda la sociedad es "iglesia", pero en la práctica el término se comienza a reservar a los clérigos, a los monjes y a los templos (edificios paganos reconvertidos). Ellos son ahora la iglesia ‘visible’, pues ya no hay iglesias locales visibles. Y reaparece así la división entre clérigos y laicos: la doctrina nicolaíta quedó plenamente consagrada en este período: la clase mediadora, la casta sacerdotal, el sacerdocio del Antiguo Testamento.

Esto, muy de la mano con la progresiva formación del sistema sacramental católico, oscurece la naturaleza de la salvación en Cristo y la forma de acceder a ella y disfrutarla, interponiendo un sistema ritual de carácter mágico que crea dependencia de esa clase intermediaria (el clero).

■ Se adopta la forma administrativa y territorial del imperio (curia, nuncios, diócesis...), perdiéndose el concepto bíblico de la iglesia local. Ahora la Iglesia es una pirámide jerárquica, a imagen del imperio, y aparece el 'episcopado monárquico', un obispo de la localidad se encumbra sobre los demás. Roma encumbra a un único obispo, que además, por la capitalidad imperial, extiende su jurisdicción sobre todos los cristianos del mundo, comenzando a formarse así "el papado".

El 'papa' romano además se empieza a atribuir títulos que corresponden a las Personas Divinas: con el título de 'Sumo Pontífice' (= máximo Puente, máximo intermediario entre Dios y los hombres) usurpa algo que pertenece sólo a Cristo, el único Sumo Sacerdote; le usurpa al Padre el título de 'Santo Padre'; le usurpa al Espíritu Santo el título de 'Vicario de Cristo en la tierra', 'vicario' es el que está puesto en representación de otro, y la Palabra de Dios sólo permite aplicar esto al Espíritu Santo y al Cuerpo de Cristo (la Iglesia en su conjunto), nunca a un cargo eclesiástico.

Los templos paganos pasaron a ser templos cristianos. En el Nuevo Testamento el Templo de Dios es la Iglesia, la asamblea de los creyentes, ahora se llama 'iglesia' a los edificios, como en el paganismo.

■ Se introduce en Iglesia la adoración de la diosa, como en todas las religiones paganas. La adoración a la Madre y al Hijo tiene su origen en la religión de Babilonia (luego hablaremos del 'misterio de Babilonia' en Apocalipsis). Esta religión se esparció de Babilonia a todas las naciones, cuando el hombre fue dispersado sobre la faz de la tierra por causa de la construcción de la torre de Babel - de la religión babilónica proceden todas las religiones de la tierra-, por eso también Egipto tenía una diosa, Grecia tenía una diosa, Roma tenía una diosa...

Como en el cristianismo no había diosa, el nombre de María, la madre de Jesús, empezó a ser encumbrada de hecho (nunca oficialmente) como una diosa, por más que no se quiera reconocer. Se la empezó a rendir culto y a otorgar títulos que no tienen base bíblica ninguna, que menoscaban o usurpan la unicidad, centralidad y exclusividad del papel salvador y mediador de Cristo: "mediadora de todas las gracias", "co-redentora"... Algunos de esos títulos revelan las influencias paganas, como 'Reina del cielo' (era el título de la diosa pagana cuyo culto está condenado en la Biblia - Jeremías 7:17-17; 44:16-29 -).

Un título tan familiar y querido a los católicos como 'Teotokos' (Madre de Dios), que puede ser aceptable en un sentido, terminó por favorecer esa exaltación-endiosamiento de María. La Palabra de Dios habla siempre de María como 'la madre de Jesús', pero jamás da pie a llamarla 'madre de Dios' ni a dirigirse a ella en oración. No debemos fiarnos de nuestros razonamientos y 'deducciones' humanas, “para que en nosotros (decía el apóstol Pablo) aprendáis a no ir más allá de lo que está escrito” (1Corintios 4:6): María es madre de Jesús, el cual es hombre y Dios simultáneamente, por lo cual María es la madre del Hijo de Dios, ciertamente, pero 'en cuanto a su humanidad', no en cuanto a su divinidad; el Hijo de Dios es preexistente a María, todo fue creado por Él y para Él, también María. ¿Acaso Dios puede tener madre? ¿no nos recuerda esto demasiado al culto babilonio de 'la diosa madre y el hijo'? Los apóstoles confesaban plenamente la divinidad de Jesús, ¿por qué entonces jamás se llama a María 'madre de Dios' en el Nuevo Testamento? ¿por qué jamás se dirige nadie a ella en oración? De hecho, a partir del día de Pentecostés, María desaparece de las Escrituras. De seguir la lógica católica, deberíamos rendir culto también a los padres de María como 'los abuelos de Dios", o a Juan el bautista como "el pariente de Dios"...

María tiene el altísimo privilegio de haber sido escogida para dar al Hijo de Dios una naturaleza humana; ella le concibió virginalmente, por obra del Espíritu Santo, ella "concibió del Espíritu Santo". Esto sí está atestiguado por la Escritura (Mateo 1:18-23; Lucas 1:26-38). Pero aún aquí el catolicismo va de nuevo 'más allá de lo que está escrito' al afirmar la 'virginidad perpetua' de María; en esto no sólo va más allá de lo escrito, sino en contra de lo escrito. Cuando Dios explica a José lo que ha ocurrido en María y le ordena que la reciba como esposa, este obedeció, la recibió por esposa, y continúa diciendo: “Y no la conoció hasta que dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús” (Mateo 1:25). Lo que está escrito es que José no la 'conoció' (expresión semítica para referirse al acto marital) "hasta que" dio a luz a Jesús; que a partir de entonces José y María engendraron otros hijos 'de manera natural' está también confirmado por la Escritura. De Jesús decían sus paisanos de Nazaret “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? Y Sus hermanas, ¿no están todas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?” (Mateo 13:55-56). En Pentecostés, junto con los apóstoles y discípulos, “todos éstos perseveraban unánimes en oración, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con Sus hermanos (Hechos 1:14). Aquel 'Jacobo' (Santiago), el primer hermano carnal de Jesús, llegó a ser un anciano notable en la Iglesia de Jerusalén, participante protagonista en el primer concilio de la Iglesia (Hechos 15:13-21), 'Jacobo, el hermano del Señor' (Gálatas 1:19). Jacobo el apóstol, el hermano de Juan, ya había sido decapitado por Herodes (Hechos 12:1-2).

■ La idolatría se infiltró camuflada en la Iglesia con el culto a María y los santos, y la fabricación y veneración de imágenes. Se hicieron imágenes de Jesús, de María, de los santos... Como en Grecia y en Roma había un panteón de dioses, cada uno para una necesidad, María en sus distintas 'advocaciones' y los santos son usados para disfrazar es práctica pagana: ahora se reza a Santa Bárbara cuando truena, a San Pancracio para tener trabajo, a San Antonio para encontrar novio... Son dioses paganos con nombres cristianos. Jamás se menciona en la Escritura que podamos orar o pedir a nadie más que al Padre, a Jesús o al Espíritu Santo. Jamás. Se empezó a adorar incluso el símbolo de la cruz, convirtiéndolo en un ídolo... En la enseñanza catecumenal de los diez mandamientos desaparecieron el primero y el segundo:

“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 
Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, 
de la casa de servidumbre. 
(1º) No tendrás otros dioses delante de mí. 
(2º) No te harás imagen, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 
No te inclinarás a ellas ni las honrarás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:1-6).

Los mandamientos de Dios nunca son arbitrarios o sin sentido. Hay un peligro para la fe en las imágenes, pues nos coloca muy cerca del gran pecado de la idolatría: adorar o venerar como Dios lo que no es Dios, con la subsiguiente exposición de los creyentes a la influencia demoníaca, pues tras los ídolos (que no son nada en sí), actúan los demonios, como enseña la Palabra de Dios (1Corintios 10:20-21).

Dios es Espíritu, el Altísimo y Trascendente a todo, lo cual obliga al ser humano a una relación 'espiritual', en espíritu. Él nos creó para ello 'a su imagen', con un espíritu de naturaleza semejante a la Suya. Es 'en el espíritu' que hemos de aprender a vivir y a relacionarnos con Dios

"Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que le adoren. Dios es espíritu; y es necesario que los que le adoran, le adoren en espíritu y en verdad" (Juan 4:23-24).

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Necesitamos aquí, en el período de Tiatira, detenernos a considerar brevemente uno de los misterios de la Escritura: EL MISTERIO DE BABILONIA. La Biblia está atravesada por el conflicto entre dos ciudades: Jerusalén y Babilonia. Estas dos ciudades son también dos mujeres, la Novia/Esposa de Cristo y la Gran Ramera; son dos principios, dos orígenes y dos desenlaces distintos en la consumación de los siglos. La primera es la manifestación y el cumplimiento cabal del eterno misterio de Dios en Cristo. La última es la máxima expresión histórica del llamado “misterio de la iniquidad”, es decir, de la rebelión satánica, secundada por el hombre, contra Dios y su Voluntad.

Babilonia viene de 'Babel', del intento humano, a imagen de Satanás, de 'asaltar los cielos' por sus propios medios (Génesis 11:4). Fundada por Nimrod, el primer poderoso en la tierra (Génesis 10:8-11). Un hombre violento y ambicioso, que prefigura al Anticristo. Un hombre con voluntad de poder y dominio universales.

En la visión de Daniel, las grandes civilizaciones e imperios mundiales aparecen representados por una gran estatua cuya cabeza de oro es Babilonia y su rey (Daniel 2). Babilonia representa la suma total de la civilización humana edificada al margen de Dios, con todo el atractivo y la seducción que operan sobre el alma humana. Y su ambición es convertirse en un poder universal de alcance global. Pues ella es "la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra". Babilonia es un símbolo más general del sistema mundano construido por el hombre a lo largo de los siglos, bajo cautividad satánica, con el fin de someter todas las cosas a los deseos impíos de su corazón.

Ahora bien, Babel es madre de muchas ciudades que con el paso del tiempo se convirtieron en los mayores enemigos del Pueblo de Dios: Nínive, la capital de los crueles y sanguinarios asirios; Babilonia, la antigua Babel renovada bajo el dominio del soberbio rey caldeo Nabucodonosor; Roma, cuyos emperadores persiguieron, echaron a los leones y asesinaron a los cristianos durante los tres primeros siglos (el período de Esmirna):

“y en su frente un nombre escrito: MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los testigos de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro” (Apocalipsis 17:5-6).

En el período de Tiatira, la Cristiandad proto-católica fue asimilada y contaminada por 'Babilonia' (en su versión 'imperio romano'). La Iglesia de Roma vino a convertirse en otra 'hija de Babilonia', un sistema político-religioso salido de ella, el cristianismo mezclado, deformado e infiltrado por el mundo, sus valores, y su religión. Los que conocen la historia de la Iglesia en este período saben que esto es así. El cautiverio de Israel en Babilonia es un tipo o figura de Tiatira: el pueblo de Dios cautivo por el sistema religioso idólatra. De Babilonia llamó Dios a unos cuantos a salir y regresar a Jerusalén para reconstruir el Templo arruinado (ver Esdras 1), figura de la restauración de la Iglesia neotestamentaria.

No obstante, parte del pueblo del Señor está en Babilonia; el Señor reconoce parte de su pueblo en el sistema babilónico; por eso dice: "Pueblo mío, salid de ella, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas" (Apocalipsis 18:4). En el sistema religioso falso hay hijos legítimos de Dios que están engañados y mezclados allí, y el Señor los llama a salir de ese sistema, de Babilonia, “he aquí, Yo (Cristo) la arrojo en cama (a Jezabel, la mujer pagana que prostituye al Pueblo de Dios), y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a los hijos de ella heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que Yo soy el que escudriña las entrañas y los corazones; y os daré a cada uno según vuestras obras” (Apocalipsis 2:22-23).

Para que no participéis de sus blasfemias, de su idolatría, de su connivencia con dictaduras sangrientas, de su oscura especulación financiera, de su encubrimiento de la pederastia... ¡Salid de ella, pueblo mío!, ¡Salid de ella, pueblo mío!, ¡Salid de ella, pueblo mío!!

¡La ira final de Dios será contra este sistema religioso perverso que le ha robado a su Pueblo!! (Apocalipsis 18).

Este sistema religioso mundial ha venido así a ser una potente herramienta de control de las personas, muy codiciada por gente poderosa y perversa que siempre ha anhelado dominar el mundo, y que se han ido infiltrando en las altas jerarquías de este poderoso sistema religioso para ponerlo al servicio de sus intereses. Lo terrible es que el último imperio de esta era, el imperio del Anticristo, del que habla la profecía bíblica, está YA haciendo eso...

"Y vi una mujer sentada sobre una bestia escarlata... vestida de púrpura y escarlata... Yo te explicaré el misterio de la mujer y de la bestia que la lleva..." (Apocalipsis 17:3.7).

"El que tenga oídos para oír, que oiga"...

De todos modos, no parece que todos los hijos de Dios que están en Babilonia vayan a salir de ella:

“Pero a vosotros, a los demás de Tiatira, a cuantos no tenéis esa enseñanza, y no habéis conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, Yo os digo: No os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que Yo venga” (Apocalipsis 2:24-25).

Este es el remanente en Tiatira. Cuando el Señor regrese para separar el trigo y la cizaña, recogerá trigo de entre Babilonia, antes de que caiga sobre ella el juicio de Dios. Algunos nombres prominentes del remanente en Tiatira son Francisco de Asís y sus compañeros; místicos como Taulero, Madame Guyon, el hermano Lorenzo, Fenelón...

Amplío lo referente al Catolicismo en el apéndice I.


5ª.- La quinta iglesia/período es Sardis.

Significa 'escapados', Sardis 'escapa' de Tiatira, es el período iniciado en el s. XVI con la Reforma protestante. Sardis es la reacción de Dios a Tiatira, un avivamiento para despertar respecto a la condición de Tiatira y emprender el camino de regreso a la Iglesia del Nuevo Testamento. Este fue un momento clave en este mover del Señor para recuperar lo perdido. Algunas cosas notables que se recobraron son:

a.- La salvación o justificación por la fe: en una época en la que el perdón y el cielo se vendían por dinero, por medio de "indulgencias" para recaudar dinero para la construcción de la basílica de san Pedro en Roma, redescubrieron que lo que nos salva y nos hace justos delante de Dios no son nuestros méritos ni nuestras obras (menos si son rituales), sino la fe en Jesucristo y su preciosa sangre, que borra todos nuestros pecados y nos da el poder de llegar a ser hijos de Dios. La salvación es un don que Dios nos regala gratuitamente, por fe, en su Hijo Jesús (Romanos 3:21-25; Efesios 2:5-9). Las obras también tienen su lugar, pero no para alcanzar la salvación, sino como su fruto natural, como ya vimos.

b.- La autoridad suprema de la Palabra de Dios. Como excelentemente expresó un apreciado siervo de Dios, "la Iglesia no tiene autoridad sobre las Escrituras para cambiarlas, añadir algo, omitir alguna de sus partes, o hacerlas decir algo diferente de lo que por sí mismas dicen; es el Espíritu Santo el que tiene Autoridad sobre la Iglesia y le impone las Sagradas Escrituras, enseñándole con ellas, para que ella testifique al mundo. Y cuando la Iglesia obedece al Espíritu de Cristo que enseña con la Escritura, es guiada a toda verdad. La autoridad de la Iglesia descansa, pues, en la medida en que ella esté bajo la autoridad del Espíritu que le enseña con las Escrituras y las establece; asimismo, la autoridad de la 'tradición' (eclesiástica y teológica) es válida en la medida en que tal tradición sea fiel al Espíritu que enseña con las Escrituras y las establece. La Iglesia no tiene ninguna autoridad inherente en sí misma que sea independiente del Espíritu y de las Escrituras":

"Le preguntaron los fariseos y los escribas: —¿Por qué no andan tus discípulos de acuerdo con la tradición de los ancianos, sino que comen pan con las manos impuras? Y les respondió diciendo: —Bien profetizó Isaías acerca de vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí. Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres. Porque dejando los mandamientos de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres. Les decía también: —¡Bien desecháis el mandamiento de Dios para establecer vuestra tradición! Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldice a su padre o a su madre muera irremisiblemente. Pero vosotros decís que si alguien dice a su padre o madre: "Aquello con que hubieras sido beneficiado de parte mía es Corbán" -es decir, una ofrenda a Dios-, ya no le permitís hacer nada por su padre o su madre. Así invalidáis la palabra de Dios mediante vuestra tradición que habéis trasmitido, y hacéis muchas cosas semejantes a éstas" (Marcos 7:5-13).

c.- El sacerdocio universal de todos los creyentes. Como explica el Espíritu Santo en la carta a los Hebreos, el antiguo sacerdocio del Antiguo Testamento fue abolido por el sacrificio de Cristo en la cruz; ya no hay más división en el Pueblo de Dios entre 'clero' y 'laicos'. Ahora todo cristiano por el bautismo es sacerdote, es decir, tiene acceso directo a Dios, sin intermediarios, para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios. ¡Sacrificios 'espirituales', no rituales!: no hablamos de la religión ritual; es la vida entera del cristiano, vivida conforme al Espíritu de Cristo, el sacrificio vivo que Dios espera (Romanos 12:1). Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote, nuestro 'Sumo Pontífice', es decir, el Puente que nos da a todos acceso a Dios. No hay otros 'pontífices' ni mediadores ni intermediarios. ¡Todos los demás somos hermanos!

Pero también Sardis tiene una grave reprensión del Señor:

“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las cosas que quedan, las que están a punto de morir; porque no he hallado que tus obras hayan sido acabadas delante de Mi Dios. Acuérdate, pues, de cómo las has recibido y oído; y guárdalas, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Apocalipsis 3,1-3).

Con Sardis se empezó algo de Dios, pero se quedó a medias, "no he hallado que tus obras hayan sido acabadas". La forma de la Iglesia siguió siendo la de Tiatira: la división clero/laicos permaneció en la práctica, cambiando el nombre; ahora en lugar de la iglesia imperial católica aparecieron las iglesias 'nacionales o estatales' protestantes, pero permanecía la unión de la iglesia con el mundo, con los poderes políticos de cada nación (por esto estas iglesias también tienen las manos manchadas con la sangre de otros hermanos cristianos).

Luego surgieron varios grupos cristinos 'disidentes', que ya no basaban sus límites en la nación, sino en ciertas doctrinas que enfatizaban. Surgieron así las 'iglesias independientes', y luego fueron apareciendo poco a poco más y más 'denominaciones' dentro del mundo protestante. Aunque todavía no se recuperó la iglesia local, el terreno y los límites bíblicos para congregarse, todo esto fue providencia de Dios para salir de la 'iglesia mundial' e ir regresando progresivamente al Nuevo Testamento.

"Sé vigilante, y afirma las cosas que quedan, las que están a punto de morir". La llama se apaga con el tiempo, y hay que avivarla: la historia del protestantismo es una historia de avivamientos. Como dijo alguien: 'la primera generación recibe la bendición, la segunda trae la organización, y la tercera la degradación'. Este ciclo se ha repetido una y otra vez, cada 'denominación' recibió una gracia en sus inicios, algo se recobró de la iglesia neotestamentaria, luego se quiso conservar por medio de 'organización', y finalmente la llama se fue apagando... Y aparece otra denominación con otra bendición... 'tienes nombre de que vives, y estás muerto'. Hay muchos 'nombres' en el mundo evangélico/protestante, pero 'los odres viejos' no pueden contener adecuadamente 'el Vino nuevo', y la vida se desvanece pronto, dejando por doquier cascarones y pieles secas, como la serpiente cuando muda su piel.

"Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras, y andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos". Este es el remanente en Sardis. También este 'trigo' encontrará el Señor cuando vuelva, entre los que destacan (con sus limitaciones y serios errores de algunos) los grandes reformadores del s. XVI como Lutero, Calvino, Zwinglio, Melanchton; o la reforma más radical de los anabaptistas; o nombres como John Knox, John Wesley, Jorge Fox (los cuáqueros), D.L. Moody, C.H. Spurgeon, C. Finney, G. Whitefield, William Booth...


6ª.- La sexta Iglesia/período es Filadelfia.

Significa 'amor fraternal'. Así como Sardis sale de Tiatira, Filadelfia sale de Sardis. Este nuevo mover del Espíritu tuvo su momento clave durante el s. XIX, aunque el Espíritu lo estuvo preparando desde mucho antes; y tampoco surgió acabada de una vez, ¡todavía está madurando! Filadelfia es la Iglesia que retorna a la enseñanza, la vida y el espíritu de los apóstoles, es la restauración de la iglesia neotestamentaria, por eso sólo recibe elogios del Señor a pesar de su pequeñez: “... pues (aunque eres) pequeño, están teniendo poder y has guardado Mi palabra, y no has negado Mi Nombre” (literal del griego).

"Has guardado mi palabra". La Palabra de Dios es restaurada en su autoridad por encima de credos, doctrinas particulares y tradiciones. La Palabra de Dios integral, con toda su riqueza, su amplitud y sus límites.

"No has negado mi Nombre". Cesan la multitud de nombres, que dividen a los hijos de Dios. Sólo hay un Nombre, en torno al cual deben encontrarse en comunión todos los creyentes. El Nombre de Jesucristo es suficiente para identificarse y distinguirse del mundo. Todos los creyentes son 'los hermanos', 'los santos', así los denomina la Escritura. 'Cristianos', a secas.

Y el acento principal vemos que está en el amor mutuo (Filadelfia) recobrado, sin clases mediadoras, sin estructuras piramidales imperiales, “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como Yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois Mis discípulos, si tenéis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). Por fin, saliendo de la 'iglesia mundial', de las 'iglesias nacionales', de las 'iglesias independientes o denominacionales', se empezaba a regresar poco a poco al terreno del Cuerpo, y a la iglesia local.

En el primer tercio del s. XIX, en Irlanda, el Espíritu movió a un grupo de creyentes a amar a todos los hijos de Dios, independientemente de la denominación a la que pertenecieran. De la mano de la Escritura comenzaron a 'ver el Cuerpo', el único Cuerpo de Cristo, más allá de las divisiones creadas por los hombres. Vieron que el sistema 'monopastoral' en el que uno monopoliza la administración y predicación en la Iglesia no era bíblico. Empezaron, pues, a reunirse sobre la base del Cuerpo de Cristo, y la adoración sencilla, libre y espiritual, conforme a la Escritura. Declararon su intención de no establecer otra denominación, se llamaban entre sí sencillamente 'hermanos' (así han sido conocidos como 'el movimiento de los Hermanos'), recibiendo a todos los que el Señor había recibido.

Por ese tiempo, este mover de Dios se produjo simultáneamente en la Guayana británica, en Italia, Arabia, Londres, Plymouth, Bristol, y poco a poco casi en el mundo entero.

El regreso a la Iglesia neotestamentario fue mucho más completo que en la Reforma protestante. Las riquezas bíblicas que rescataron son incontables. Nombres como J.N. Darby, J.G. Bellet, George Müller, C.H. Mackintosh, George Cutting, F.W. Grant, y otros muchos, fueron muy usados por el Señor como dones para Su Iglesia. Aunque todavía no vieron con claridad el terreno 'local' de la iglesia neotestamentaria, y cayeron derrotados dividiéndose entre ellos (falló el amor fraternal) y resbalando todavía al terreno 'denominacional'.

“Yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (3:11). En las otras iglesias la corona es una promesa a los vencedores, aquí es una posesión. Pero una posesión que hay que guardar y defender, porque existe el peligro de perderla. El reto de Filadelfia es retener su posición contra los grandes peligros que la amenazan: regresar a Sardis, perder el amor fraternal, deslizarse a Laodicea (como veremos después)...

Pero antes de pasar a Laodicea es conveniente detenernos en otros hitos importantes en la aparición de Filadelfia: algunos precedentes y algunos desarrollos recientes, muy sobresalientes. Entre los precedentes que fueron preparando la aparición de Filadelfia, son dignos de mención:

- el movimiento de retorno a la sencillez evangélica de Francisco de Asís (s. XIII), en pleno apogeo de la pompa y el poder del papado, y con un acento marcado en 'el amor fraternal';

- el movimiento de Pedro Valdo (los pobres de Lyón), coetáneos y en la misma línea que Francisco de Asís, pero siendo forzados (excomulgados) a dar el paso de 'salir de Babilonia'.

- Pedro Chelcicky y los Hermanos Checos s. XV, enfatizando la separación entre la Iglesia y el mundo con las consecuencias que implica de renuncia al poder, la injusticia social y la violencia.

- El conde Zizendorf, un conde que en su feudo comenzó a reunir a los cristianos que eran perseguidos aun por los de la Reforma 'oficial'; y comenzaron a tener una vida de iglesia más parecida a la primitiva; los llamaron los Hermanos Moravos, porque vivían en Moravia.

- Los reformadores radicales del s. XVI. Surgieron simultáneamente a la Reforma 'oficial', perseguidos tanto por ellos como por Roma, y ya vieron las limitaciones de la Reforma 'oficial' respecto a la vida y la forma de la Iglesia, por eso avanzaron más allá hacia la iglesia neotestamentaria recuperando elementos muy valiosos, como 'el bautismo de creyentes'. Vieron que el mandato de bautizarse en el Nuevo Testamento es 'para los que han creído en el Señor Jesucristo', por tanto capaces de tal decisión y de ser conscientes de su significado. Por eso sus enemigos les llamaron 'anabaptistas' (rebautizadores). Vieron que la fe no se hereda; aunque haya que dar testimonio de ella a los hijos, debe ser un acto personal, libre y consciente. La fe como herencia cultural, no elegida personalmente, más aún si es impuesta, es uno de los factores que impide la separación entre la Iglesia y el mundo.
 
También vivieron la importancia del seguimiento Jesús como se describe básicamente en el 'Sermón del Monte' (Mateo 5-7); la separación del mundo, que incluye la separación de la Iglesia y el Estado; la vivencia de la 'koinonía'' (comunión de bienes) cristiana... Entre ellos destacan nombres como Conrad Grebel, Félix Manz, Michael Sattler, Hans Denk, Hubmair, Juan Hut (de donde surgieron luego los hutteritas), Menno Simons (los menonitas)... todavía no vieron la iglesia local, y derivaron en nuevas 'denominaciones'.

En cuanto a lo más reciente, hemos de citar los nombres de hermanos y siervos de Dios que han sido en el s. XX muy usados por el Señor para alcanzar cotas muy altas en la manifestación de Filadelfia, en el regreso a la Iglesia neotestamentaria: T. Austin Sparks en Inglaterra, Bakth Singh en la India, Prem Pradham en Nepal y Nee To Seng (Watchman Nee) en China. Watchman Nee fue dotado por el Señor para hacer confluir lo mejor de todas las líneas de restauración y renovación del Espíritu, incluida la línea de la vida interior que arranca con los místicos católicos: Juan Tauler (Alemania s. XVI), Miguel de Molinos (España s. XVII), Madame Guyon (Francia s. XVII), Fenelón, el hermano Lorenzo (Francia s. XVII), y sigue con otros del ámbito evangélico (William Law, Andrew Murray, Evan Roberts, Jessie Penn-Lewis...), llevándolas a un desarrollo teórico y práctico sobresalientes. El espíritu, la vida y la forma de la iglesia neotestamentaria alcanzaron aquí un alto grado de recuperación, incluido el terreno de la iglesia local y el liderazgo del Nuevo Testamento. Obras del hermano Nee como 'El Hombre espiritual', 'La liberación del espíritu' o 'La vida normal de la Iglesia', son de gran ayuda para quienes quieren descubrir Filadelfia.

Como mencioné al principio, es sobre los hombros de todos estos creyentes y siervos de Dios que escribo este libro.

Descubrimos con gozo que existen herederos actuales de esta corriente en Chile, Colombia, Brasil, Argentina, EE.UU., Europa, China y muchos otros lugares.

La senda de Filadelfia ha quedado establecida. Como decíamos, el reto de Filadelfia está en retener lo que tiene: la centralidad de Jesucristo como Primer Amor de la Iglesia; el amor fraternal del principio; la integridad de la enseñanza y la práctica de los Apóstoles y la Iglesia neotestamentaria; sin jactancia ni arrogancia, sabiendo que también en Tiatira y en Sardis (y en Laodicea) hay personas salvas, hijos de Dios, recibiendo a todos los que Cristo recibe y amándoles aunque ellos no correspondan, evitando resbalar hacia su principal peligro: Laodicea.

 
7ª.- La séptima y última iglesia/período es Laodicea.

Laodicea puede representar Filadelfia cuando fracasa, cree ser algo en sí misma y cae en el orgullo espiritual. La fraternidad de discípulos bajo el gobierno espiritual de Cristo deriva en 'el derecho del pueblo' (eso significa Laodicea), el derecho y la opinión de cada uno en el pueblo:

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Así que, por cuanto eres tibio, y no caliente ni frío, estoy por vomitarte de Mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:15-17).

Esto recuerda a lo de 'perder el amor primero', el amor se empieza a perder, ni frío ni caliente, 'ni chicha ni limoná'. Creen que lo tienen todo, pero al perder lo esencial (el amor fraternal, el Señor como Primer Amor), no tienen ya nada. Sólo hay orgullo y manifestación externa. El Señor dice: ¡repugnante, no lo trago!

Pero Laodicea representa el último período de la Iglesia en el tiempo del fin, antes del regreso del Señor, tiempo de apostasía y frialdad espiritual.

La situación de Laodicea es tan grave ¡que el Señor ha tenido que salirse fuera de la Iglesia!, y desde fuera toca a la puerta llamando a arrepentimiento, a ver si recupera al menos algunos 'vencedores': “He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (v.20).


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Después de este recorrido histórico-profético (2) podemos comprender un asunto importante: de estos cuatro tipos de 'iglesias' que encontrará el Señor a su vuelta, ha dejado muy claro cuál es la voluntad del Señor para Su Iglesia: Filadelfia. ¿Qué haremos ahora, querido/a lector/a?

Muy seguramente, en la localidad donde tú y yo vivimos, la iglesia local está dividida y en ruinas. Lo más probable es que haya distintos grupos cristianos divididos, pertenecientes a Tiatira, Sardis y Laodicea. Pero independientemente de la situación en que se encuentren los cristianos de la localidad, el Señor nos ha revelado su voluntad, y nos llama a ser 'vencedores', a seguir la senda de Filadelfia con la ayuda de Su gracia, a salir de donde haya que salir y a establecernos sobre la base bíblica de la unidad: el Cuerpo de Cristo en la localidad, y ser una expresión bíblica de la Iglesia local conforme a su Propósito.

En la primera carta de Pablo a Timoteo, la Iglesia todavía era 'La Casa de Dios, que es la Iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (3:15). En la segunda que le escribe, al final de su vida, Pablo habla ya de una 'Casa grande' en la que se mezcla lo honroso con lo vil, y da esta recomendación acerca del camino de los 'vencedores' en medio de la iglesia en ruinas:

"A pesar de todo, el sólido fundamento de Dios queda firme, teniendo este sello: 'Conoce el Señor a los que son suyos' y 'Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor'. (Nota: 'iniquidad' es todo aquello que no es conforme a la norma de Dios). Pero en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro. Además, hay unos para uso honroso y otros para uso común. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será un vaso para honra, consagrado y útil para el Señor, preparado para toda buena obra. Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor" (2Timoteo 19:22).

Quienes siguen la senda de Filadelfia tienen paz, porque a pesar de la confusión y de la cizaña en medio del trigo, el Señor conoce a los suyos. Se apartan de todo aquello que no agrada al Señor, pero se juntan con todos aquellos que de corazón puro invocan al Señor. Y mientras claman al Señor para que restaure Su testimonio en su localidad y levante en ella a Filadelfia, viven ya en la medida de lo posible conforme al patrón de Filadelfia.

"Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos: Santificado sea tu nombre, venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra" (Mateo 6:9-10).

El Nombre de Dios deber ser santificado para que venga su Reino, entonces se hará su Voluntad en la Tierra igual que se hace en el cielo. Por tanto, la clave está en la santificación del Nombre de Dios. En el capítulo 36 del libro del profeta Ezequiel aprendemos lo que eso significa. Lo que viene a decir, parafraseando, es lo siguiente:

"Habíamos sido infieles a la alianza con Yahvéh. Habíamos derramado sangre y adorado ídolos. Dejamos de ser un pueblo según su corazón. Y fuimos vencidos, desterrados y dispersados por todas las naciones. Los demás pueblos decían por doquier: ¡Ese es el pueblo de Yahvéh! ¡Este Yahvéh debe ser un pobre Dios, puesto que ha sido incapaz de impedir que su pueblo fuera desposeído de su tierra! Entonces habló Dios: 'No hago esto por consideración a vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que vosotros habéis profanado entre las naciones donde fuisteis. Yo santificaré mi gran Nombre… y las naciones sabrán que yo soy Yahvéh, cuando yo, por medio de vosotros, manifieste mi santidad a la vista de ellos.

¿Y cómo, entonces, manifestarás la santidad de tu Nombre?
Dice Yahvéh: Os recogeré por las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra... De todas vuestras miserias e idolatrías os he de purificar. Os daré un corazón nuevo y os infundiré una mentalidad nueva; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi Espíritu y haré que caminéis según mi voluntad…Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios".

Apliquemos esto a nuestros días: Dios ha comprometido su Nombre con la Iglesia, y la Iglesia está en ruinas; cuando el mundo mira a la Iglesia no hablan bien de Dios: el Nombre de Dios es blasfemado en medio de las naciones a causa de la deplorable condición de la Iglesia. Pero Dios va a santificar su Nombre: va a reunir a su Iglesia dividida y dispersa, la va a lavar de todas sus basuras, les va a dar un corazón nuevo que le obedezca, va a derramar su Espíritu en ellos para convertirlos realmente en un Pueblo conforme a su Voluntad:

SANTIFICA TU NOMBRE, es decir,

¡REÚNE Y RENUEVA A TU PUEBLO!

¡RESTÁURALO CONFORME A TU PLENO PROPÓSITO!

¡Que tu pueblo renovado prepare así los caminos para

QUE VENGA TU REINO!


Este es el corazón de lo que Jesús enseñó a sus discípulos acerca del contenido de la oración. Primero los intereses de Dios, luego los nuestros (el sustento, el perdón, la protección).

Jesús dio abundantes advertencias a sus discípulos sobre la necesidad de velar y estar preparados para su venida. Se nos exhorta a que “vivamos en esta era sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada: la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:12b-13). Velamos y nos preparamos para su venida cuando colaboramos con el Señor en la restauración de Su Iglesia, cuando dejamos que reine sobre nosotros, cuando dejamos que Él gobierne todas las dimensiones de nuestra vida, individual y eclesialmente, cuando trabajamos por alcanzar y mantener la posición de Filadelfia. El Señor no puede reinar en el mundo si primero no reina en la Iglesia. Este es el gran desafío de la Iglesia y su responsabilidad para que la justicia, la fraternidad, la paz y el gozo del Reino de Dios se extiendan a toda la Tierra.

"El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas para su hijo" (Mateo 22:2).

¡Jesús viene pronto! Y "El Espíritu y la esposa dicen: "¡Ven!" El que oye diga: "¡Ven!" El que tiene sed, venga. El que quiere, tome del agua de vida gratuitamente" (Apocalipsis 22:17).

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1  La pista inicial de este análisis la debo a mi hermano en Cristo Antonio González.

2  Para profundizar en esta visión histórico-profética de la historia de la Iglesia recomendamos por ejemplo el libro del hermano Watchman Nee "La ortodoxia de la Iglesia". También "La Iglesia de Jesucristo. Una perspectiva histórico-profética", de Arcadio Sierra. Se pueden encontrar y descargar en internet.

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