6. LAS BUENAS NOTICIAS ACERCA DE JESÚS Y LA VENIDA DEL REINO DE LOS CIELOS

LAS BUENAS NOTICIAS ACERCA DE JESÚS

Y LA VENIDA DEL REINO DE DIOS



Una parábola para ilustrar el significado de la venida del Reino de Dios a este mundo caído bajo el poder de Satanás.

Había un hábil hombre de negocios, honrado y trabajador, que llegó a una ciudad muy pobre de un país muy pobre, y de la nada levantó una gran empresa con todo el equipamiento necesario para generar sustento y bienestar a todas las familias de la ciudad. Después de formar e instruir a los habitantes de aquella ciudad, delegó en ellos la gestión del negocio, y se volvió a su casa, quedando pendiente de la marcha de la empresa.

Un día llegó un forastero a aquella ciudad, que con intrigas y sutiles engaños, consiguió hacerse con el gobierno de la empresa, de modo que casi sin darse cuenta, todos terminaron cautivos de su dominio tiránico. Con el tiempo, se acostumbraron a la esclavitud; aquel hombre perverso les proporcionaba un atractivo sistema de entretenimiento y distracción, y el poderoso cuerpo de capataces que implantó disuadía a cualquiera que pudiera pensar en escapar.

Entonces llegaron noticias de esto al fundador y dueño de la empresa, el cual envió un mensajero a la ciudad: '¡el dueño de la empresa ya está de camino, viene a recuperar su empresa!' Un gran revuelo se levantó en toda la ciudad, y por supuesto el embaucador se preparó para oponer una feroz resistencia. Cada habitante de aquella ciudad se vio ante el desafío de decidir de qué lado se iba a poner en este conflicto que se acababa de desatar...

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Es un hecho claramente establecido por la Escritura que en el universo existen dos reinos en guerra el uno contra el otro: el Reino de Dios y el reino de Satanás, y que la Raza humana está involucrada en esa guerra, lo quiera o no.

El Reino de Dios es la esfera donde Dios gobierna, el ámbito donde es reconocida su Autoridad y se hace su Voluntad. En el universo sólo existen dos opciones: o la Autoridad de Dios o la rebelión satánica contra la Autoridad de Dios. “El que no está conmigo, contra mí está”, dijo Jesús (Mateo 12:30). La cuestión decisiva que debe enfrentar todo mortal es escoger si va a sujetarse a la Autoridad de Dios y pertenecer a su Reino, o si va a seguir a Satanás en su rebelión y formar parte del reino de la tinieblas. La guerra espiritual que ruge en el universo gira alrededor de esto, y no hay neutralidad posible: no sujetarse a Dios es lo que hizo y define a Satanás, si escogemos ese camino automáticamente nos alineamos con él.

Pues bien: en medio de esta dramática situación de la Humanidad y de nuestro mundo bajo el dominio de las tinieblas, apareció Jesús de Nazaret por los caminos del Israel del siglo I con un anuncio revolucionario:

"Después que Juan (el Bautista) fue entregado, Jesús vino a Galilea proclamando el evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Evangelio según Marcos 1:15).

Dicho con otras palabras:

¡¡ Dios viene para someter toda la Tierra a su Gobierno
por medio de su Mesías prometido;
viene a reinar sobre esta Tierra !!

Los poderes de muerte que ahora gobiernan el planeta:
poderes económicos, políticos, ideológicos, religiosos
y espirituales, van a ser derribados.

¡¡Cambiad radicalmente vuestra manera de pensar y vivir!! ¡¡ Creed a Dios,
reconoced Su Autoridad ,
reconoced a Su Cristo,
y sujetaos a su Gobierno!!


Una esperanza de salvación ya había sido dada a la Humanidad desde el mismo momento de la Caída: Dios prometió que un descendiente de la mujer (Eva) aplastaría la cabeza de la serpiente (1); descendiente que vendría por la línea de Abraham, de Isaac, y de Jacob/Israel; que se sentaría en el trono David, rey de Israel, el Mesías anunciado por los antiguos profetas de Israel (2).

Estas promesas dadas a Israel las cumplió Dios enviando a su propio Hijo como hombre, en calidad de "Mesías" (en hebreo), "Cristo" (en griego), "Ungido" (en castellano), es decir, el Rey investido del Espíritu de Dios para gobernar en nombre de Dios. Así se le anunció a María, la virgen de Nazaret de la que iba a nacer, y a José, con quien estaba desposada:

"...José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que ha sido engendrado en ella es del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo: 'He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros'" (Mateo 1:20-23).

"...He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin. Entonces María dijo al ángel: —¿Cómo será esto? Porque yo no conozco varón. Respondió el ángel y le dijo: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1:31-35).

Y así lo confirmó Él mismo a sus discípulos:

"Les dijo: —Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondió Simón Pedro y dijo: —¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! Entonces Jesús respondió y le dijo: -Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Evangelio según Mateo 16:15-17).

 
Jesús de Nazaret, pues, es el Hijo de Dios engendrado por Dios Padre en la eternidad; ¡es Dios mismo!, que descendió de los cielos, que se hizo un ser humano como nosotros. No fue sólo un buen hombre, ni siquiera un gran hombre: Él es el Dios-hombre, "Dios manifestado en carne". Verdadero Dios y verdadero hombre a la vez.

Jesús es el "Logos" de Dios, es decir, la Palabra viviente de Dios, que estaba en el seno del Padre y vino para revelárnoslo cabalmente, de primera mano, y revelarnos cuál es su carácter y sus propósitos (3). Jesús nos reveló la verdad acerca de Dios, del Hombre y del Mundo, y es el único camino para acceder a Dios y a su Vida, la Luz que ilumina a todo hombre:

"Jesús le dijo: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Evangelio de Juan 14:6).

"Yo soy la luz del mundo. El que me sigue nunca andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8:12).

 
Reveló la compasión del Padre hacia nuestra Raza caída, pasó por esta tierra haciendo el bien, sanando y liberando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él (4). Él vino "para deshacer las obras del diablo", para atar al "hombre fuerte" (satanás), saquear su reino y recuperar el botín (nosotros):

"Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de manera que el mudo hablaba y veía. Toda la gente estaba atónita y decía: —¿Acaso será éste el Hijo de David? Pero al oírlo, los fariseos dijeron: —Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebul, el príncipe de los demonios. Pero como Jesús conocía sus pensamientos, les dijo: —Todo reino dividido contra sí mismo está arruinado. Y ninguna ciudad o casa dividida contra sí misma permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido. ¿Cómo, pues, permanecerá en pie su reino? (...) Pero si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Porque, ¿cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes a menos que primero ate al hombre fuerte? Y entonces saqueará su casa. El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama" (Mateo 12:22-30).

 
Vivió una vida perfecta conforme a la voluntad de Dios, sin pecar jamás contra Dios, cumpliendo así el Propósito para el que fue creado el Hombre. Él llevó nuestra naturaleza humana a su plena realización.

 
En la crucifixión de Jesús, Dios llevó a la muerte toda la vieja Creación, y en su resurrección, inauguró una nueva Creación. Necesitamos detenernos más aquí, porque aquí está el corazón de la hazaña salvífica del Mesías, Jesús.

Recordemos la terrible condición en que ha venido a caer la Humanidad conforme al diagnóstico divino:
  • la naturaleza pecaminosa  
  • la conducta pecaminosa  
  • bajo el poder de Satanás y su sistema mundano maligno  
  • bajo el poder de la Muerte  
  • destituidos del Propósito de Dios para nosotros  
  • afectando toda la Creación con nuestro pecado
La solución de Dios: pasarnos por la muerte y ofrecernos un nuevo comienzo.

¿Cómo? Por medio de un "segundo Adán", otro Cabeza de la Humanidad, una segunda oportunidad: Jesús.

Desde el punto de vista de Dios, Adán no es sólo un individuo, él representa a toda la Humanidad, a toda la raza humana. Yo, como mi padre, de algún modo estábamos ya presentes en las entrañas de mi abuelo; si mi abuelo no hubiera existido, o hubiera muerto antes de tiempo, ni mi padre ni yo existiríamos. Del mismo modo, toda la raza humana estaba contenida, incluida, en Adán. Todo ser humano es heredero de Adán, lo que fue y tuvo Adán, es lo que somos y tenemos nosotros.

Como vimos anteriormente, Adán desobedeció a Dios, mordió el anzuelo de la serpiente, y se tragó el veneno del Pecado. Con él cayó toda la Humanidad, y no solo la Humanidad, sino la Creación entera, pues Dios ha unido el destino de toda la Creación al destino de la Humanidad. Adán, pues, es un Hombre corporativo, que representa e incluye la Humanidad caída, la Creación caída.

¡Pero Dios nos levantó otro Adán!, pues el primero "era figura del que había de venir" (Romanos 5:14b); nos levantó otro Hombre corporativo: Jesucristo. Dios le constituyó 'el último Adán', porque recapitula en sí mismo toda la vieja Humanidad y la vieja Creación:

“Así también está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente. El último Adán, espíritu que da vida. Sin embargo, el espiritual no es primero, sino el natural; luego el espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible” (1Corintios 15:45-50)

Sobre esta base podemos ahora entender mejor:

 
Jesús murió por nuestros pecados. Nuestros pecados nos separan de Dios y nos colocan bajo el justo juicio de Dios. La vida perfecta de Jesús lo cualificó como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo".

Dios instruyó a Moisés acerca de lo que un israelita tenía que hacer cuando buscaba el perdón por su pecado: presentaba al sacerdote un cordero sano, sin defecto ni mancha; el sacerdote le imponía las manos como signo de identificación con la víctima, como cargando sobre ella el pecado, y luego era sacrificado, de modo que el pecado era destruido con el cordero.

Todo aquello era sólo una figura de Cristo y su sacrificio: Jesús es el verdadero "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Él aceptó voluntariamente que Dios su Padre cargara sobre Él todos los pecados de la Humanidad:

"Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero a fin de que nosotros, habiendo muerto para los pecados, vivamos para la justicia" (1ª carta de Pedro 2:24).

En sus últimas tres horas en la cruz, Jesús cargó sobre sí todo el mal del universo, todo el pecado y sus consecuencias. Y atrajo sobre sí todo el castigo, toda la ira divina que nos correspondía a nosotros. Cada uno de tus pecados y de los míos fueron puestos sobre Él. Eso significa esa tremenda afirmación que de no estar en la Escritura nadie se atrevería siquiera a pensar: "Al que no conoció pecado, Dios le hizo pecado" (2ª Corintios 5:21).

Jesús usó una imagen acerca de esto, que es la del fuego en la granja: la gallina reúne a sus pollos bajo las alas y, cuando el fuego ha arrasado todo a su paso, aparece una gallina muerta, abrasada y calcinada, pero con sus polluelos vivos (5). Jesús consintió en ir a la cruz, entre otras cosas, para tomar sobre sí el juicio que pesaba sobre nosotros. Él fue ajusticiado por nuestros delitos, por nuestra rebelión, para que nos diéramos cuenta a tiempo de que "Si con el árbol verde hacen estas cosas (Jesús, inocente), ¿qué se hará con el seco (nosotros, culpables de rebelión)?" (Lucas 23:31).

Si nos cobijamos bajos sus alas, bajo su sacrificio expiatorio, por la fe, quedamos a cubierto del fuego de la ira de Dios sobre el pecado. Si rechazamos a Jesús y el significado de su sangre derramada... quedamos al descubierto:

"El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (Juan 3:36).

El sacrificio de Jesús y su significado ya fue anunciado por Dios por medio de sus profetas:

“...Nosotros le tuvimos por azotado, como herido por Dios, y afligido. Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino. Pero Yhaveh cargó en él el pecado de todos nosotros. El fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su boca (...) Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con los pecados de ellos (...) Porque derramó su vida hasta la muerte y fue contado entre los transgresores, habiendo él llevado el pecado de muchos e intercedido por los transgresores” (Isaías 53:1-12).

Así Jesús ya pagó por todos, saldó la condena que había contra nosotros, todos nuestros pecados fueron crucificados con Cristo y borrados para siempre. Cómo esto se hace realidad efectiva para nosotros lo veremos enseguida.

 
Jesús murió en nuestro lugar. En la cruz Jesús no sólo cargó con todos nuestros pecados, ¡sino con cada uno de nosotros! Porque nuestro problema no son sólo nuestros pecados, sino nuestra naturaleza misma, corrompida por el poder del pecado. Hace dos mil años, en aquella cruz, Dios nos puso a todos en Cristo, y nos crucificó con Él:

"Y sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea anulado, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado" (Carta a los romanos 6:6-7).

"Porque el amor de Cristo nos constriñe, habiendo juzgado así: que uno murió por todos, por consiguiente todos murieron" (2ª carta a los corintios 5:14).

 
Jesús murió por toda la Creación. Y como venimos diciendo, no sólo cargó con nosotros, sino con toda la Creación. Jesús murió en la cruz como 'último Adán', recapitulando en sí mismo toda la vieja creación adámica. Y se hundió con ella en la muerte. ¡¡En la muerte de Cristo, pues, fue extinguida toda la vieja creación!!:

"Pero vemos a Jesús, coronado de gloria y de honra, quien fue hecho un poco inferior a los ángeles para padecer la muerte, a fin de que por la gracia de Dios gustase la muerte por todas las cosas" (Carta a los hebreos 2:9, conforme al texto griego).


Jesús aplastó la cabeza de la Serpiente. Satanás, siendo una criatura, quiso hacerse Dios, y arrastrar al Hombre por el mismo camino, frustrando temporalmente el Plan de Dios. El Hijo, sin embargo, recorrió el camino inverso de la rebelión, el camino de la verdadera realización del Hombre conforme al Propósito de Dios:

"...Cristo Jesús, existiendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!" (Carta a los filipenses 2:5-8).

Porque Jesús no podía llevar adelante el Plan del Padre si Él mismo no superaba como hombre la prueba de toda criatura: sujetarse a la Autoridad de Dios o vivir por sí mismo siguiendo la rebelión de Satanás. Por eso Jesús fue probado en todo igual que nosotros (Hebreos 4:15). Si el diablo lograba apartar a Jesús tan sólo un milímetro de la voluntad del Padre, si hubiera conseguido hacer fracasar al "segundo Adán", todo quedaría irremediablemente frustrado.

Por otra parte, el único modo en que Jesús podía introducir el Reino de Dios en medio de este kosmos dominado por Satanás era por la perfecta obediencia al Padre.

Por eso mientras el Señor Jesús avanzaba en el cumplimiento de la misión que el Padre le encomendó, el diablo esperaba cada oportunidad para probarle y apartarlo de su obediencia al Padre. Hasta el último segundo había tiempo, un desliz de Jesús en el último momento habría malogrado toda su trayectoria y frustrado el Plan de Dios. Le vemos pues usando al apóstol Pedro para apartarle del camino de la muerte redentora (Mc 8:31-33) y tentando a Jesús incluso estando él en la cruz, por medio de los que le rodeaban:

“Y los que pasaban le insultaban, meneando sus cabezas y diciendo: —¡Ah! Tú que derribas el templo y lo edificas en tres días, ¡sálvate a ti mismo y desciende de la cruz! De igual manera, burlándose de él entre ellos mismos, los principales sacerdotes junto con los escribas decían: —A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar. ¡Que el Cristo, el rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos! También los que estaban crucificados con él le injuriaban” (Marcos 15:29-32).

Si hubiera descendido, todo se habría perdido. Pero ¡gracias a Dios! ¡¡Jesús venció!! Mientras que el diablo creyó que había destruido a Jesús, en realidad su obediencia hasta la muerte estaba destruyendo al diablo, estaba aplastando la cabeza de la serpiente.

Jesús, como el ’último Adán’, estaba cumpliendo las promesa de Génesis 3:15, la maldición de Dios sobre la serpiente antigua:

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia; ésta te herirá en la cabeza cuando tú le herirás en el talón".

 
Fue sepultado y descendió al lugar de los muertos (Seol o Hades), de donde rescató a todos los que desde Adán esperaban la venida del Salvador, y se los llevó al cielo con Él (6).


Resucitó corporalmente al tercer día. No para volver a esta vida mortal, sino que su cuerpo fue saturado por la Vida eterna, libre del poder de la Muerte. Porque la salvación de Dios es integral: incluye también nuestra corporalidad, la materia. Dios le levantó de entre los muertos, sueltos los dolores de la Muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. La Muerte sólo tiene autoridad sobre aquello que ha sido tocado por el pecado; puesto que Cristo nunca pecó, la Muerte no tenía autoridad sobre Él. Si Jesús murió fue porque entregó su vida voluntariamente a la Muerte, para cumplir la voluntad del Padre de salvarnos:

"Por eso me ama el Padre, porque Yo pongo Mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que Yo de Mí mismo la pongo. Tengo potestad para ponerla, y tengo potestad para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de Mi Padre" (Juan 10:17-18).

Jesús el Mesías había descendido al Hades y derrotado a Satanás arrebatándole su poder sobre el Hades y la Muerte:

"...No temas; Yo soy el Primero y el Ultimo, y el Viviente; estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la Muerte y del Hades" (Apocalipsis 1:17-18).

"Así que, por cuanto los hijos son participantes de sangre y carne, de igual manera El participó también de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tiene el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a esclavitud" (Carta a los hebreos 2:14-15).

Por la resurrección, la humanidad completa de Jesús fue saturada por la Divinidad. Se convirtió en el Precursor de todos los que serán glorificados a su Imagen, el Primogénito de muchos hermanos que han de ser llevados a la Gloria:

"Porque convenía a Aquel para quien y por quien son todas las cosas, que al llevar muchos hijos a la gloria perfeccionase por los sufrimientos al Autor de la salvación de ellos" (Carta a los hebreos 2:10).


Por su resurrección, Jesús en su humanidad fue hecho "espíritu vivificante" (7), es decir, capaz de impartir a otros el Espíritu Santo que satura todo su Ser, para que habite permanentemente en ellos; y por medio del Espíritu, impartirse a Sí mismo como Vida, la Vida divina, la vida "zoé".

El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo. Es Dios junto con el Padre y el Hijo. El único Dios vivo y verdadero, que se nos ha revelado en la Biblia, es el Padre, el Hijo (Jesucristo) y el Espíritu Santo. Pero no son tres dioses: las tres Personas divinas son una sola cosa, un solo Dios. Dios se ha revelado a Sí mismo progresivamente. En medio del politeísmo, Él primeramente se reveló como el único Dios vivo y verdadero. Pero cuando llegó la plenitud del tiempo, envió a su Hijo, Jesucristo; y Él nos reveló que existe una pluralidad de Personas el interior del único Dios. El único Dios vivo y verdadero es una comunión de amor entre tres Personas, distinguibles pero inseparables, co-eternas, y ‘co-inherentes’, es decir: cada una de ellas habita en las otras y es habitada por las otras. Es el misterio del Dios trino o triuno, que trasciende toda capacidad de nuestra limitada mente, pero que nos ha sido revelado para que lo podamos disfrutar. De este misterio brotan el resto de verdades reveladas en la Biblia.

Así pues, por la cruz Cristo quitó todas las cosas negativas, por el don de Su Espíritu imparte todas las cosas positivas, todas las bendiciones de Dios, todas la riquezas de su salvación.


Ascendió a los cielos, y Dios el Padre le coronó de gloria y honra, y le sentó a su diestra en Su Trono: en cuanto hombre fue constituido Señor de señores, Rey de reyes y Juez de vivos y muertos.

Dios quiso desde el principio que el Hombre, en dependencia y comunión con Él, gobernara y reinara sobre todo. El primer Adán fracasó, ¡pero el segundo triunfó! Por su obediencia perfecta como hombre, Jesús se convirtió en "el Hombre conforme al Plan de Dios", y el Padre le dio todo su poder y autoridad sobre todas las cosas.

Dios mostró en Jesús que el camino a la gloria, el camino para sentarse en el Trono de Dios, no es la rebelión ni la independencia satánica, sino la dependencia y la obediencia a la Voluntad de Dios:

"...Cristo Jesús, existiendo en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por lo cual también Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese para gloria de Dios Padre que Jesucristo es Señor" (Carta a los filipenses 2:5-11).

Como Señor, ahora Jesús tiene toda la Autoridad y Poder de Dios, tiene el dominio sobre toda la Creación, visible e invisible. ¡Jesús es "Kyrios"! Es decir, Señor.

En el Antiguo Testamento, "Kyrios" era un término reservado exclusivamente a Dios. Por tanto, al aplicarlo a Jesús, Dios está declarando la divinidad de Su propio Hijo hecho hombre.

Además, los emperadores romanos se aplicaban el término a sí mismos para autodivinizarse (siguiendo a Satanás) y autoproclamarse "señores del mundo", hasta el punto de reclamar adoración. Proclamar en el Imperio Romano que Jesús era el Kyrios, el Señor de señores, y negarse a participar en el culto al emperador, significaba entrar en conflicto directo con el dios de este mundo que opera por detrás de los poderes terrenales... En menos de 250 años, los emperadores romanos lanzaron diez terribles persecuciones contra los cristianos, desde Nerón (año 64) hasta Diocleciano (año 303).

Así acusaban a los cristianos sus enemigos:

"Como no los encontraron, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los gobernadores de la ciudad, gritando: '¡Estos que trastornan al mundo entero también han venido acá! Y Jasón les ha recibido. Todos éstos actúan en contra de los decretos del César, diciendo que hay otro rey, Jesús'. El pueblo y los gobernadores se perturbaron al oír estas cosas" (Hechos de los Apóstoles 17:6-8).

Como Mesías / Cristo / Rey, Jesús fue confirmado en su misión de traer el Reino de Dios a la Tierra.

"Sepa, pues, con certidumbre toda la casa de Israel, que a este mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hechos de los Apóstoles 2:36).

Como Juez de vivos y muertos, Dios el Padre delegó en Él todo el juicio:

"Porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el juicio lo dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Juan 5:22-23).

"Por eso, aunque antes Dios pasó por alto los tiempos de la ignorancia, en este tiempo manda a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el que ha de juzgar al mundo con justicia por medio del Hombre a quien ha designado, dando fe de ello a todos, al resucitarle de entre los muertos" (Hechos 17:30-31).


FASES DEL ESTABLECIMIENTO DEL REINO


Ahora bien, el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra por el Mesías Jesús ocurre en varias fases o etapas:

"Puesto que la muerte entró por medio de un hombre, también por medio de un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su orden
(1) Cristo, las primicias;
(2) luego los que son de Cristo, en su venida.
(3) Después el fin, cuando él entregue el reino al Dios y Padre, cuando ya haya anulado todo principado, autoridad y poder.
Porque es necesario que él reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será destruido es la muerte. Porque ha sujetado todas las cosas debajo de sus pies. Pero cuando dice: 'Todas las cosas están sujetas a Él', claramente está exceptuando a Aquel que le sujetó todas las cosas. Pero cuando Aquél le ponga en sujeción todas las cosas, entonces el Hijo mismo también se sujetará al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos"
(1ª carta a los corintios 15:21-28).

Veamos esto con más detalle a la luz de otros pasajes de las Escrituras que hablan de esto. No son realidades fáciles de captar a la primera, pero con perseverancia y la luz del Espíritu, podremos ir entendiendo.


La irrupción: "el Reino de los Cielos se ha acercado a vosotros".

Con Jesús, el Reino de Dios, el Gobierno de los Cielos sobre la Tierra, irrumpió en la era presente de la Historia humana.

Como hemos dicho, el Reino de Dios es la esfera donde Dios gobierna, el ámbito donde es reconocida Su Autoridad y se hace Su Voluntad. Jesús como hombre fue probado y tentado en todo igual que nosotros, pero por su perfecta obediencia a Dios su Padre, el Reino de Dios encontró un hombre sobre el que "posarse", por así decir, sobre esta Tierra. Donde Adán fracasó, Jesús triunfó, y llegó a ser el Hombre conforme al Propósito de Dios. Y su obediencia y fidelidad perfecta hasta la muerte le cualificó como Mesías para llevar adelante el Propósito de Dios.


Primera fase: la era de la gracia, un plazo para la oferta general de perdón a los rebeldes y pecadores.

Una vez resucitado y glorificado en el Trono de Dios, y hecho "espíritu vivificante", Jesús el Cristo derramó el Espíritu Santo sobre la comunidad de discípulos que había reunido en torno a Sí mismo, los que habían creído en Él y le habían seguido:
 



Así el Pueblo de Dios fue refundado en torno a Jesús, el Mesías: la "Ekklesia", es decir, la Asamblea o Iglesia, incluyendo en un solo pueblo, en un solo Cuerpo, a judíos (Israel) y no judíos (los "gentiles": las demás naciones):

"En otras generaciones, no se dio a conocer este misterio a los hijos de los hombres, como ha sido revelado ahora a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu, a saber: que en Cristo Jesús los gentiles son coherederos, incorporados en el mismo cuerpo y copartícipes de la promesa por medio del evangelio" (Efesios 3:5-6).

El término griego "ekklesia" significa "la asamblea de los llamados a salir fuera". Los que creen las Buenas Noticias acerca de Jesús y la venida del Reino de Dios, y se someten a su gobierno voluntariamente, salen del reino de las tinieblas, del sistema satánico, para entrar a formar parte de la Asamblea del Mesías, el “Nuevo Hombre”:

"Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en la carne, erais llamados incircuncisión por los de la llamada circuncisión que es hecha con mano en la carne. Y acordaos de que en aquel tiempo estabais sin Cristo, apartados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, estando sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos habéis sido acercados por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, quien de ambos nos hizo uno. El derribó en su carne la barrera de división, es decir, la hostilidad; y abolió la ley de los mandamientos formulados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos hombres UN SOLO HOMBRE NUEVO, haciendo así la paz. También reconcilió con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando muerte en ella a la enemistad. Y vino y anunció las buenas nuevas: paz para vosotros que estabais lejos y paz para los que estaban cerca, ya que por medio de él, ambos tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu. Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Habéis sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser un templo santo en el Señor. En él también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu" (Efesios 2:11-22).

La Asamblea mesiánica no es una organización religiosa, no es una institución de hombres, sino una nueva creación, la porción de la vieja Humanidad que va siendo redimida e in-corporada a Cristo (es decir, introducida en su Cuerpo), el Cabeza de la Nueva Humanidad:

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva creación es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2ª Carta a los corintios 5:17).


De esta forma, en esta era la Iglesia de Jesucristo es la esfera del Reino de Dios, el ámbito de esta Tierra donde Dios reina, la reunión de los pecadores que están reconociendo a Jesús como el Salvador y como Rey y Señor del mundo, y están deponiendo su rebeldía y sometiéndose voluntariamente a su señorío. Es el pueblo donde Cristo ya reina hoy.


Segunda fase: tal como prometió, en breve Jesucristo va a volver en gloria y poder para poner fin a esta era, juzgar el mundo con justicia e inaugurar la era mesiánica de la que hablaron los profetas: el Milenio (que significa ‘mil años’), el Reino de los Cielos en su manifestación visible sobre toda la Tierra (8):

"Por tanto, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; de modo que de la presencia del Señor vengan tiempos de refrigerio y que él envíe al Cristo, a Jesús, quien os fue previamente designado. A él, además, el cielo le debía recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de las cuales habló Dios por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos" (Hechos de los Apóstoles 3:19-21).

Cuando el Señor Jesús regrese, acontecerán varias cosas:

1) La restauración de Israel. Jesucristo salvará a la nación de Israel de su rebeldía y sus pecados. Israel, como nación, rechazó a su Rey entregándolo a los romanos para crucificarlo. Tal como Cristo había profetizado en varias ocasiones (9). por no haber reconocido la visita de Dios y haber rechazado el camino de paz (salvo un resto), Jerusalén fue arrasada por los romanos, el templo destruido y los judíos dispersados por todas las naciones. Esto ocurrió primero en el año 70 de nuestra era, y definitivamente en el año 135. Debido al pecado de Israel, el Evangelio de la salvación se dirigió a las demás naciones. Dios usó el fracaso de Israel para bendecir al mundo:

"Digo, pues: ¿Han tropezado para que cayesen? De ninguna manera; pero por su traspié vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Mas si su traspié es la riqueza del mundo, y su menoscabo la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más lo será su plenitud?" (Romanos 11:11-12).

Pero ya los antiguos profetas anunciaron que Dios les traería de nuevo a la tierra que les dio en herencia, para purificarlos y restaurar la nación. Esto comenzó a ocurrir en 1.948, y es una de las señales de los tiempos de que el regreso del Cristo está cerca.

Israel va a sufrir (está sufriendo ya) una oposición creciente de todas la naciones; será engañado y caerá bajo el poder del Anticristo, hasta que por instigación de Satanás todas las naciones se vengan contra Israel en la batalla de Armagedón. Entonces Jesucristo los salvará y todo Israel como nación se volverá a Jesucristo, por fin lo reconocerán como su Rey, e Israel y la Iglesia serán un solo rebaño bajo el único Pastor, Jesucristo:

"Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, no sea que presumáis de sabios: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, según está escrito:
"Vendrá de Sion el Libertador, y apartará de Jacob la impiedad. Y éste es Mi pacto con ellos, cuando Yo quite sus pecados".
Según el evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero según la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones de gracia y el llamamiento de Dios. Pues así como vosotros en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora se os ha concedido misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, también a ellos les sea ahora concedida misericordia. Porque Dios a todos encerró en desobediencia, para tener misericordia de todos"
(Romanos 11:25).

2) Jesús destruirá el imperio mundial del Anticristo que ha de surgir por el poder de Satanás provocando 'una Gran Tribulación' sobre todo el mundo:

"Pero inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. Las estrellas caerán del cielo y los poderes de los cielos serán sacudidos. Entonces se manifestará la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y en ese tiempo harán duelo todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria" (Evangelio según Mateo 24:29-30).

"Ahora, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo (...) Nadie os engañe de ninguna manera; porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y se manifieste el hombre de iniquidad, el hijo de perdición. Este se opondrá y se alzará contra todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios (...) Y entonces será manifestado aquel inicuo, a quien el Señor Jesús matará con el soplo de su boca y destruirá con el resplandor de su venida. El advenimiento del inicuo es por operación de Satanás, con todo poder, señales y prodigios falsos, y con todo engaño de injusticia entre los que perecen, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (2ª carta a los tesalonicenses 2:1-10).

Y el Anticristo y su Falso Profeta será echado en el lago de fuego, el lugar preparado por Dios para el diablo y sus ángeles.

3) Con la venida de Cristo acontecerá "la primera resurrección" y “El Tribunal de Cristo”, porque por medio de Cristo ha venido la resurrección de los muertos para todos los hombres:

"Pero ahora, Cristo sí ha resucitado de entre los muertos, como primicias de los que durmieron. Puesto que la muerte entró por medio de un hombre, también por medio de un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados" (1ª Carta a los corintios 15:20-22).

Pero habrá dos tipos de resurrección:

1) la primera: resurrección de vida, cuando Cristo vuelva, de la cual participarán todos los que fueron salvos por la fe en el Mesías, desde Adán.

2) la segunda: resurrección de condenación, al final del Milenio, para los que rechazaron a Dios y su Mesías:

"Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna y otros para vergüenza y eterno horror" (Daniel 12:2).

"No os asombréis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación" (Juan 5:28-29).

Entonces, cuando Cristo regrese, los creyentes que ya durmieron resucitarán primero, los que queden vivos en ese momento serán arrebatados y transformados para recibirle en los aires, y Cristo juzgará a su pueblo (el Tribunal de Cristo); no para salvación o condenación, sino para recompensar a los cristianos fieles y purificar a los demás. Los cristianos que hayan sido fieles y hayan seguido a Jesús con obediencia, reinarán con Cristo durante el Milenio sobre la naciones supervivientes de la Gran Tribulación y el juicio de Cristo... (10)

4) El juicio a las naciones. Porque después de juzgar a su pueblo, Cristo juzgará a todas las demás naciones, todos los que no creyeron el Evangelio y queden vivos cuando Cristo vuelva. Serán juzgados por el trato que hayan dado a "los hermanos más pequeños" de Jesucristo, sus discípulos. Unos irán al fuego eterno, y otros serán recompensados entrando, en su condición mortal, al Reino de Cristo) (11):

"Cualquiera que os dé un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que jamás perderá su recompensa" (Marcos 9:41).

5) Entonces Jesucristo establecerá su Reino sobre toda la Tierra durante mil años (el Milenio), durante los cuales Satanás será echado en la cárcel del abismo:

"El séptimo ángel tocó la trompeta. Y en el cielo se oyeron grandes voces que decían: "El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo. Él reinará por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 11:15).

"Vi a un ángel que descendía del cielo y que tenía en su mano la llave del abismo y una gran cadena. El prendió al dragón, aquella serpiente antigua quien es el diablo y Satanás, y le ató por mil años. Lo arrojó al abismo y lo cerró, y lo selló sobre él para que no engañase más a las naciones, hasta que se cumpliesen los mil años. Después de esto, es necesario que sea desatado por un poco de tiempo" (Apocalipsis 20:1-3)...


Tercera fase: al final del Milenio, Satanás será desatado una vez más para poner a prueba a las naciones. Esta última rebelión será aplastada por Jesucristo, y el diablo será definitivamente "echado en el lago de fuego y azufre", el basurero del Universo, donde todo lo que no es conforme al Propósito de Dios será desechado por toda la eternidad.

Entonces se celebrará el Juicio Final ante el Gran Trono blanco, ante el cual desaparecerán los cielos y la tierra. Y todos los demás muertos de toda la Historia humana comparecerán ante el Gran Juez de toda la Tierra: Jesucristo. Cada uno será juzgado conforme a sus obras, y todo aquel que no sea hallado inscrito en "el Libro de la Vida" será lanzado al Lago de Fuego (Apocalipsis 20:7-15).

Entonces Dios hará nuevas todas las cosas: un Cielo nuevo y una Tierra nueva en los que habitará la justicia. Y de junto a Dios descenderá la Nueva Jerusalén: la Ciudad de Dios, la Humanidad redimida y glorificada conforme al Propósito original de Dios:

"No vi en ella templo, porque el Señor Dios Todopoderoso, y el Cordero, es el templo de ella. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna, para que resplandezcan en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lámpara. Las naciones andarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra llevan a ella su gloria. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán a ella la gloria y la honra de las naciones. Jamás entrará en ella cosa impura o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.

Después me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que fluye del trono de Dios y del Cordero. En medio de la avenida de la ciudad, y a uno y otro lado del río, está el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto. Las hojas del árbol son para la sanidad de las naciones. Ya no habrá más maldición. Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le rendirán culto. Verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá más noche, ni tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol; porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos"
(Apocalipsis 21 - 22:5).

 

 
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1  Génesis 3:15

2  Por ejemplo Isaías 9:6-7

3  Ver por ejemplo Evangelio de Juan 1:1-18, y 1ª Carta de Timoteo 3:16.

4  Ver 1ª Carta de Juan 3:8 y Hechos de los Apóstoles 10:38.

5  Evangelio de Mateo 23:37

6  Ver Hechos 2:22-32 con Efesios 4:8-9 y 1ª carta de Pedro 4:6.

7  1ª Carta a los corintios 15:45

8  Al interpretar literalmente lo que las Escrituras dicen acerca del Reino mesiánico o Milenio ("Milenarismo"), algunos nos acusan de “literalismo”, o de decir lo mismo que los llamados "Testigos de Jehová". Respondemos a esta objeción en el segundo Apéndice al final del libro.

9  Mateo 24:1-2; Lucas 13:34-35; 19:28-44.

10  Ver por ejemplo 1ª Tesalonicenses 4:13-18; 1ª Pedro 4:17; 2ª Corintios 5:10; Apocalipsis 20:6.

11  Ver Mateo 25:31-46 con 10:42 y 18:6-15.


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