8. LA SALVACIÓN QUE NOS HACE APTOS PARA EL REINO Y PARA ALCANZAR EL PROPÓSITO ORIGINAL DE DIOS (I). El aspecto individual. Los tiempos de la salvación.
LA
SALVACIÓN QUE
NOS
HACE APTOS PARA EL REINO
Y PARA ALCANZAR EL PROPÓSITO ORIGINAL DE DIOS (I).
EL ASPECTO INDIVIDUAL (1).
El Hijo de Dios ha venido al mundo para deshacer las obras de Satanás: para redimir al Hombre caído, para liberarlo del dominio de las tinieblas, para restaurarlo, y capacitarlo para cumplir el Propósito para el que Dios lo creó. Por medio de la cruz de Cristo ha dado muerte a todas las cosas negativas; por medio del don del Espíritu ha introducido todas las cosas positivas, todas las bendiciones de la salvación que nos capacitan para alcanzar nuestro glorioso destino en Dios.
Cristo ya consumó la obra de la salvación que necesitamos, el Evangelio la proclama, y ahora el Espíritu Santo la hace efectiva para todo aquel que cree:
"Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree..." (Carta a los romanos 1:16)
"Además, hermanos, os declaro el evangelio que os prediqué y que recibisteis y en el cual también estáis firmes; por el cual también sois salvos, si lo retenéis como yo os lo he predicado. De otro modo, creísteis en vano" (1ª carta a los corintios 15:1-2).
"Por esta razón, nosotros también damos gracias a Dios sin cesar; porque cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de parte nuestra, la aceptasteis, no como palabra de hombres, sino como lo que es de veras, la palabra de Dios quien obra en vosotros los que creéis" (1ª carta a los tesalonicenses 2:13).
Pero la salvación ganada por Cristo, que nos hace aptos para entrar en el Reino de los Cielos, es integral, y tan grande que sólo por etapas nos la podemos apropiar y disfrutar.
La salvación y sus tiempos
Observamos que la Escritura en unos pasajes habla de la salvación de los creyentes en pasado, o como un hecho consumado; en otros, en presente, como algo que está en proceso todavía, creciendo; y en otros, como algo que se espera en el futuro.
a) en pasado
“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1Jn 5:13).
“En cuanto a vosotros, estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia. En otro tiempo todos nosotros vivimos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y por naturaleza éramos hijos de ira, como los demás. Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia sois salvos! Y juntamente con Cristo Jesús, nos resucitó y nos hizo sentar en los lugares celestiales… Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef 2:1-10).
b) en presente
“…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es el que produce en vosotros tanto el querer como el hacer, para cumplir su buena voluntad” (Flp 2:12-13).
"...desead como niños recién nacidos la leche de la Palabra no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación" (1ª Pedro 2:2);
c) en futuro
“Luego, siendo ya justificados por su sangre, cuánto más por medio de él seremos salvos de la ira. Porque si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, cuánto más, ya reconciliados, seremos salvos por su vida” (Rm 5:9-10).
“Y haced esto conociendo el tiempo, que ya es hora de despertaros del sueño; porque ahora la salvación está más cercana de nosotros que cuando creímos” (Rm 13:11).
“…que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación preparada para ser revelada en el tiempo final” (1Pe 1.5).
Esto demuestra claramente que la salvación del pecador pasa por varias fases o etapas antes de llegar a la glorificación total. Y cuando estudiamos de cerca este hecho, descubrimos dos cosas:
Por un lado, que los tiempos de la salvación están relacionados directamente con la constitución tripartita del ser humano: espíritu, alma y cuerpo. Cuando Adán pecó, lo primero que murió fue su espíritu, quedando incapacitado para la comunión con Dios (“el día que comas de él, ciertamente morirás” (Gn 2:17). Luego su alma se fue distorsionando y quedando bajo el poder del pecado y de las pasiones del cuerpo de pecado. Lo último en morir fue su cuerpo (¡a los 930 años!). Es como cuando uno desenchufa un ventilador, pero este todavía sigue rodando por un tiempo. Pues bien, la salvación de Dios recorre ahora ese mismo camino:
- la regeneración del espíritu al creer, cuando recibimos el Evangelio;
- la transformación del alma el resto de la peregrinación terrenal;
- y la resurrección del cuerpo cuando Cristo regrese.
Por otro, vemos también que:
> a veces se habla de la salvación por medio de la sola fe, y como algo seguro e irrevocable que no se puede perder;
> y otras veces como algo condicionado, que depende de cumplir ciertas exigencias, y es dado como recompensa que se puede perder.
Puesto que la Escritura no se contradice a sí misma, debemos entender, pues, que hay aspectos ‘irrevocables’ de la salvación que nos apropiamos por la sola fe, y aspectos que en algún sentido susceptibles de pérdida dependiendo del cumplimiento de ciertos requisitos.
Un estudio detenido de este tema excede nuestro propósito, aunque sí necesitamos un entendimiento básico. Comprobemos, pues, estas cosas considerando las tres etapas por las que el creyente, de acuerdo a la constitución de su ser, se va apropiando de ‘una salvación tan
grande’.
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